La disputa del cartesianismo como clave de estudio de la relaci—n filos—fica entre Spinoza y Leibniz

The Cartesian Dispute as a Key to Study the Philosophical Relationship between Spinoza and Leibniz

 

Leila Jabase (Universidad Nacional de C—rdoba ÐArgentina)

a.leila.jabase@gmail.com

 

Recibido el 27 de diciembre de 2024 Ð Aceptado el 20 de marzo de 2025

 

Resumen. Este art’culo analiza la relaci—n filos—fica entre Spinoza y Leibniz en el contexto de las discusiones sobre el cartesianismo. Propone un itinerario hist—rico-filos—fico que comienza con el cartesianismo radical, pasando por la lectura que Leibniz realiza de Spinoza, en un escenario marcado por la reacci—n anticartesiana y las acusaciones de spinozismo. TambiŽn examina la recepci—n de esta relaci—n desde finales del siglo XVII hasta la actualidad, destacando las interpretaciones divergentes que han surgido a lo largo del tiempo. Sostenemos que la cr’tica de Leibniz al sistema spinozista no solo refleja su rechazo de los compromisos teol—gico-pol’ticos de Spinoza, sino que tambiŽn constituye una respuesta program‡tica a Descartes y sus seguidores, as’ como al Òcartesianismo radicalÓ en el que Spinoza estaba inscrito.

PALABRAS CLAVE: Cartesianismo Ð Mecanicismo Ð Sustancia - Recepci—n.

Abstract: This article examines the philosophical relationship between Spinoza and Leibniz within the framework of discussions on Cartesianism. It proposes a historical-philosophical itinerary that begins with radical Cartesianism and explores LeibnizÕs interpretation of Spinoza in a context shaped by anti-Cartesian reactions and accusations of Spinozism. The article also investigates the reception of this relationship from the late seventeenth century to the present, highlighting the divergent interpretations that have emerged over time. We argue that LeibnizÕs critique of SpinozaÕs system not only reflects his rejection of SpinozaÕs theological-political commitments but also constitutes a programmatic response to Descartes and his followers, as well as to the Òradical CartesianismÓ in which Spinoza was embedded.

KEY WORDS: Cartesianism Ð Mechanism Ð Substance - Reception.

 

La autora es licenciada y doctora en Filosof’a por la Universidad Nacional de C—rdoba (UNC), Argentina. Es especialista en el pensamiento de Spinoza y Leibniz, y ha publicado art’culos en revistas acadŽmicas de prestigio. Integra las c‡tedras de Filosof’a Moderna y ƒtica I en la misma universidad, donde tambiŽn colabora en la ense–anza de seminarios especializados. Asimismo, forma parte de equipos de investigaci—n en el Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosof’a y Humanidades (CIFFyH-UNC), enfocados en la filosof’a moderna. Ha recibido diversas becas de investigaci—n, entre ellas la Beca Doctoral SECyT-UNC y la Beca Interna de Finalizaci—n de Doctorado del CONICET. Su tesis doctoral abord— el problema de la individuaci—n en Spinoza y Leibniz, con especial Žnfasis en los conceptos de cuerpo y substancia. En la actualidad, investiga las formulaciones de la relaci—n uno-mœltiple en la modernidad temprana, centr‡ndose en las conexiones filos—ficas entre Spinoza, Leibniz y Tschirnhaus.

 

 

I.           Introducci—n

La relaci—n entre Spinoza y Leibniz ha sido objeto de interpretaciones filos—ficas e hist—ricas profundamente diversas, muchas de ellas enŽrgicamente contrapuestas. Estas interpretaciones reflejan la singular complejidad de comprender el v’nculo entre ambos fil—sofos, cuya recepci—n ha suscitado tanto entusiasmo como perplejidad. Esto se debe, en parte, a la ambivalencia con la que Leibniz se refiere a Spinoza y a las consecuencias que dicha relaci—n ha tenido en la historia de la filosof’a. Tradicionalmente, se ha destacado la oposici—n entre ambos sistemas, enfatizando su incompatibilidad. Sin embargo, como se–ala Belaval, no se trata de la incomunicabilidad de dos mundos, lo que cortar’a todo intercambio filos—fico; sino de una disconformidad. Esta disconformidad no impide que, en cuanto se pierde de vista la totalidad de cada sistema y se ci–e, se encuentren fuertes similitudes entre Spinoza y Leibniz.[1]

Ciertamente, a primera vista se percibe la diferencia irreconciliable: en un caso la sustancia es œnica y es causa inmanente de todas las cosas, en el otro las hay infinitas, y encuentran su origen en una unidad dominante que es externa a la serie o agregado del mundo. As’, mientras que Spinoza presenta un monismo sustancial con infinitos modos, Leibniz postula un universo plural, donde en la m‡s ’nfima porci—n de materia pueden encontrarse substancias individuales. Sin embargo, pese a la persistencia de estas diferencias, ambos comparten preocupaciones metaf’sicas fundamentales, como los problemas de la sustancia, el cuerpo y la causalidad. Estas preocupaciones comunes revelan la influencia inicial de Spinoza en el joven Leibniz, quien m‡s tarde se distanciar‡ de su filosof’a al criticar la postulaci—n spinoziana de una sustancia œnica. Por su parte, la filosof’a de Spinoza, controvertida desde sus or’genes, tambiŽn ha sido objeto de mœltiples interpretaciones, muchas de ellas involucrando directa o indirectamente a Leibniz. Sin embargo, en ocasiones, estas interpretaciones priorizaron los intereses de sus intŽrpretes sobre la fidelidad al texto. Las disputas de religi—n entre calvinistas y cat—licos,[2] el cartesianismo, la filosof’a de la Ilustraci—n, la disputa del pante’smo, y el idealismo alem‡n, entre otros movimientos, han moldeado la recepci—n de Spinoza.

En consecuencia, el presente art’culo analiza los puntos m‡s significativos de esta compleja relaci—n filos—fica, y se propone la reconstrucci—n de un itinerario hist—rico-filos—fico. Comienza con el cartesianismo radical y la publicaci—n del Tratado Teol—gico-pol’tico (TTP), para continuar con la lectura que Leibniz hace de la obra de Spinoza, en el contexto de las reacciones anticartesianas y las acusaciones de spinozismo. Posteriormente, abordaremos los efectos que esta relaci—n tiene en el siglo siguiente, concentrados en la polŽmica del pante’smo y el idealismo alem‡n. Asimismo, atenderemos a las recepciones actuales de esta relaci—n filos—fica. Esto nos permitir‡ situar la hip—tesis que presentamos, en relaci—n con la cr’tica de Leibniz al spinozismo y al cartesianismo, as’ como tambiŽn respecto a las profundas similitudes entre ambos fil—sofos. Destacamos a un Leibniz que fue, ante todo, un lector atento de la obra de Spinoza, y sostenemos que la relaci—n entre ambos fil—sofos debe ser comprendida en el marco de las discusiones sobre el cartesianismo. La posterior cr’tica de Leibniz al sistema spinozista no solo revela un rechazo de los compromisos teol—gico-pol’ticos de Spinoza, sino que constituye una respuesta program‡tica a Descartes y sus seguidores, as’ como al Òcartesianismo radicalÓ en el que Spinoza estaba inscrito. Pues Leibniz ten’a la intenci—n de construir una posici—n conciliadora y superadora que responda a las tensiones entre causalidad divina y libertad de los entes creados. Esta cr’tica muestra que Leibniz percibe en Spinoza una forma de llevar el cartesianismo a sus œltimas consecuencias, lo cual le impulsa a reformular las nociones de causalidad, individuaci—n y necesidad. Pese a ello, la lectura que Leibniz hace del fil—sofo de çmsterdam supuso que, por un per’odo breve, simpatizara con algunas de sus ideas. Por lo cual, aunque existe esta oposici—n, la relaci—n entre ambos fil—sofos tambiŽn supuso fuertes puntos de encuentro. Esta hip—tesis tambiŽn permite comprender la lectura hist—rica de la relaci—n Spinoza-Leibniz, donde el spinozismo es presentado como una herej’a cartesiana y como un campo de tensi—n fundamental para el desarrollo posterior de la filosof’a moderna y del idealismo alem‡n. Sin embargo, la cr’tica y los elogios de Leibniz muestran que Spinoza no solo fue un adversario, sino tambiŽn un referente cuya obra permiti— a Leibniz articular sus propias posiciones metaf’sicas. La ambivalencia no es una contradicci—n, sino una clave de estudio que permite comprender la relaci—n filos—fica entre ambos.

 

II.    El cartesianismo radical, la reacci—n anticartesiana y las acusaciones de spinozismo

La recepci—n de la obra de Spinoza, sobre todo entre los propios contempor‡neos del fil—sofo, estuvo marcada por la publicaci—n del TTP en 1670. La obra tuvo una suerte de efecto explosivo, y fue inmediatamente condenada como atea y luego censurada por la Corte de Holanda debido a su cr’tica naturalista de los milagros y su interpretaci—n secular, hist—rica y racionalista de la Biblia.[3] Asimismo, tal como muestra Jonathan Israel en su cl‡sica obra La ilustraci—n radical, los rumores que resonaron por toda Europa sobre el escandaloso TTP fueron seguidos r‡pidamente por la proliferaci—n de la propia obra,[4] as’ como por la aparici—n de numerosas refutaciones. Sin embargo, aunque todos ellos ÒrefutabanÓ a Spinoza, tambiŽn por ello contribuyeron a difundir su filosof’a.[5]

El primer ataque pœblico provino del maestro de Leibniz, Jacob Thomasius quien, en su Adversus anonymum de libertate philosophandi publicado en 1670, describi— a Spinoza como un peligroso contractualista, naturalista y libertino.[6] Lo compara con Thomas Hobbes, el de’sta inglŽs Edward Herbert de Cherbury y Lodewijk Meyer. Asimismo, las universidades alemanas produjeron un flujo constante de refutaciones: en Leipzig, un centro de la ortodoxia luterana, se pod’a encontrar un Catalogus Scriptorum Anti-Spinozanorum.[7] En cuanto a los cartesianos holandeses, la mayor’a de ellos se esforzaron en denunciar a Spinoza de forma encendida y violenta, sobre todo para rechazar los intentos de la ortodoxia calvinista de asociarlos con su imp’o sistema. Esto puede verse en la carta que el propio Spinoza le escribi— a Henry Oldenburg en 1675, desahogando su frustraci—n: Òalgunos estœpidos cartesianos, que pasaban por simpatizar conmigo, a fin de alejar de ellos tal sospecha, no cesaban de detestar por doquier mis opiniones y escritos, ni han cesado todav’aÓ.[8] En efecto, uno de los primeros ataques orquestados contra Spinoza fue por parte de la red cartesiana en Utrecht. En particular, se destaca el caso de Johannes Melchioris, quien escribe su Epistola ad amicum (1671),[9] considerada una de las primeras refutaciones al TTP que circularon impresas.[10] No menor es la carta de Nicolas Steno, antiguo amigo personal de Spinoza y reconocido cient’fico de la Žpoca, al que tambiŽn Leibniz conoc’a bien. La misma es publicada por su autor en 1675, con el t’tulo Carta de Niels Stensen sobre la verdadera filosof’a al reformador de la nueva filosof’a, volviŽndose una suerte de panfleto antispinozista. Poco tiempo despuŽs, incluso denunci— a Spinoza ante el Santo Oficio en Italia, entreg‡ndoles una copia de la ƒtica, logrando as’ la inclusi—n de la obra en el Index librorum prohibitorum.[11]

De modo que Spinoza vivi— y escribi— en una Žpoca de profunda controversia filos—fica en las Provincias Unidas en el contexto de una multiplicidad de sectas religiosas. Los problemas fundamentales que se debat’an inclu’an la interpretaci—n de la Escritura, la inmortalidad del alma, el libre arbitrio, o la libertad de conciencia. Asimismo, tanto dentro como fuera de la academia, fue testigo del paso del escolasticismo aristotŽlico a la nueva filosof’a. Creemos que la obra de Spinoza, as’ como la primera recepci—n que Leibniz hace de ella, debe entenderse en el contexto de estos debates, centrados en el cartesianismo.[12] De particular importancia es la influencia y rol de Spinoza en el llamado Òcartesianismo radicalÓ,[13] un movimiento filos—fico y pol’tico que incluy— a cartesianos como Lambertus Van Velthuysen, los hermanos Pieter y Johan De la Court, Jacob Ostens, entre otros, muchos de ellos cercanos a Spinoza.[14] Los inicios del movimiento pueden encontrarse en los escritos de Velthuysen, quien era un mŽdico y pol’tico de Utrecht, as’ como un devoto calvinista.[15] Dedic— su carrera a demostrar que el cartesianismo era coherente con la fe reformada y a aplicar la Nueva Filosof’a a la pol’tica. Sin embargo, le aflig’a que otros cartesianos radicales, Spinoza en particular, hubieran utilizado principios de sus propios escritos para sacar conclusiones que iban en contra de sus creencias ortodoxas.[16] De modo que dedic— la œltima parte de su vida a argumentar contra lo que consideraba sus implicancias ateas.

Por otro lado, el contexto holandŽs de lo que Koenraad O. Meinsma ha descrito como Òel c’rculo de SpinozaÓ, ha sido determinante para comprender el ambiente pol’tico, religioso e intelectual que le rode—. Adem‡s de los cartesianos radicales mencionados, se destacan otras figuras y personajes importantes, como el fil—sofo libertino Franciscus Van den Enden, sus compa–eros colegiantes como el mencionado Meyer, as’ como Johannes Bouwmeester, Jarig Jelles, Pieter Balling[17] y Walther von Tschirnhaus. Este œltimo es de extrema importancia para comprender algunas de las cuestiones m‡s debatidas de la f’sica y la metaf’sica del sistema spinoziano. Su propia obra filos—fica, en particular la Medicina mentis de 1687, combina ideas de Spinoza con elementos cartesianos y leibnizianos.[18]

Ahora bien, Spinoza era considerado como parte del cartesianismo radical no solo por sus contempor‡neos holandeses, sino que su fama hab’a traspasado fronteras. Esta impresi—n puede encontrarse en Leibniz, cuando redacta en 1677 una carta dirigida al Duque de Hannover. All’, le comenta que conoce muy bien la controversia que Steno hab’a tenido con Spinoza varios a–os antes. Se refiere a este œltimo como Òun hombre de profunda meditaci—n, que ten’a el talento de expresarse claramenteÓ.[19] Pero que Spinoza se hab’a apegado a las opiniones del Òilustre DescartesÓ, de la manera en que sus disc’pulos suelen hacerlo, es decir, sin reservas.

 

Pero despuŽs de haber meditado por su cuenta, comenz— a advertir que todav’a hab’a mucho por decir. SŽ que a los cartesianos les resulta bastante dif’cil desprenderse del prejuicio de la infalibilidad de quien es su maestro, al menos en lo que se refiere a sus principales afirmaciones [...]. No veo otra forma de desenga–arlos que la de obligarles a reducir los discursos de dicho autor a la forma de una demostraci—n rigurosa. Creo que fue por este medio que el Se–or Spinoza comenz— a desilusionarse, cuando trabaj— en probar los principios del Se–or Descartes por medio de demostraciones.[20]

 

Igualmente, a principios del siglo XVIII, muchos de los cr’ticos de Descartes que intentaron desacreditar la filosof’a cartesiana asoci‡ndola con el spinozismo, tambiŽn extendieron su cr’tica a la rama ocasionalista del cartesianismo, representada por el malebranchismo. Contrariamente al propio Malebranche, quien, en su Entretiens sur la mŽtaphysique et sur la religion, consideraba a Spinoza Òun verdadero ateoÓ y al spinozismo una doctrina monstruosa Òllena de contradicciones evidentesÓ.[21] Pese a ello, en su tratado antispinozista L'Impie convaincu ou Dissertation Contre Spinosa de 1684, No‘l Aubert de VersŽ puso considerable empe–o en demostrar que la doctrina del ÒvisionarioÓ Malebranche conduc’a directamente a la doctrina de Spinoza, Òel m‡s imp’o ateo, el de peor reputaci—n, pero, al mismo tiempo, el m‡s sutil que el infierno haya jam‡s vomitado sobre la tierraÓ.[22] Asimismo, no dudaba en afirmar que Òlos principios del cartesianismo que son los fundamentos del spinozismoÓ deben necesariamente ser negados y Òcombatir la vanidad de los disc’pulos de este impostorÓ.[23] De modo que, podr’a decirse que no se llega a ser spinozista por mera casualidad: la mayor’a de las veces el punto de partida era el cartesianismo heterodoxo o radical.[24]

En consecuencia, para comprender la primera idea que Leibniz se hace de Spinoza, antes de siquiera haber le’do el TTP, es preciso detenerse en la relaci—n que Leibniz entabla con el cartesianismo. El cartesianismo ser‡ uno de los principales vŽrtices del v’nculo entre ambos, que persistir‡ a lo largo de las variaciones de la recepci—n leibniziana. Asimismo, la manera en la que Leibniz se sitœa frente al cartesianismo puede verse incluso en su propia biograf’a. Educado en una familia protestante fuertemente creyente, as’ como por los luteranos de la neoescol‡stica en la Universidad de Leipzig, el joven Leibniz se situaba en un contexto cerrado y conservador.[25] Al mismo tiempo la ense–anza de la nueva Philosophia antiperipatetica de Descartes y de los cartesianos, es tambiŽn prohibida en la Universidad de Leipzig por ser contraria a la fe cristiana.[26] De modo que el acceso de Leibniz a los modernos fue inicialmente restringido. Es en este contexto que, en una carta a Thomasius Ñsu profesor en Leipzig Ñ, Leibniz escribe: Òen cuanto a m’, confieso que nada soy menos que cartesianoÓ.[27] No obstante, Leibniz tambiŽn le expone a Thomasius que Žl se considera a s’ mismo un pensador conciliador que pretende forjar su filosof’a tanto a partir de la metaf’sica aristotŽlica como de la nueva f’sica mec‡nica. Insiste en que Òes un error atribuir a nuestros innovadores [novatores] el mŽrito o bien de todo o de nadaÓ.[28] Por el contrario, es mejor corregir los errores de los nuevos fil—sofos acudiendo a la historia de la filosof’a para comprender Òlas razones profundas de las interconexiones entre doctrinasÓ.[29]

Sin embargo, el car‡cter conciliador de Leibniz no le impide combatir abiertamente algunas de las ideas de sus contempor‡neos cartesianos, como es claro en el caso de Malebranche, con quien tiene una larga disputa. En efecto, Leibniz tambiŽn asoci— a Malebranche con el spinozismo, bas‡ndose en que, al privar a las creaciones finitas de poderes causales, el ocasionalismo tend’a a reducir todas las cosas a meros modos. Asimismo, Spinoza no habr’a hecho sino Òllevar m‡s lejos las consecuencias de la doctrina cartesiana de las causas ocasionalesÓ.[30] En dicho marco, se comprende la expresi—n leibniziana para referirse a Spinoza en tŽrminos de un Òcartesianismo exageradoÓ,[31] que puede encontrarse en la ¤393 de la Teodicea. Pero la acusaci—n de que el spinozismo era una consecuencia del cartesianismo no era nueva, y exist’an prolongados debates sobre si Descartes era el arquitecto o bien el destructor del spinozismo.[32] Se seguir‡ disputando muchos a–os despuŽs, existiendo quienes llegaban a sostener sin rodeos que Òel malebranchismo es el spinozismo comenzado y el spinozismo es el malebranchismo consumadoÓ.[33] Incluso para comentadores como Verni�re, durante las primeras tres dŽcadas del siglo XVIII, Òlas mejores mentes de la Žpoca asociaron a Malebranche con el spinozismoÓ.[34] Ciertamente, para entonces la recepci—n de Spinoza en Francia ya se encontraba atravesada por la figura de Pierre Bayle, quien consideraba a Spinoza tanto como el admirable ateo virtuoso, como el deleznable escritor del TTP y de la abominaci—n moral de la ƒtica. En efecto, en su Dictionnaire historique et critique, publicado originalmente en 1697, Bayle le dedica a Spinoza el art’culo m‡s extenso de todos. Con ello, Bayle contribuy— en gran modo a la difusi—n y mantenimiento de la doctrina spinoziana, tanto a principios como a finales del siglo XVIII. Esto puede apreciarse en una de las refutaciones contra Spinoza de mayor impacto de la Žpoca, como fueron las llamadas Òdiscusiones de BredenburgÓ.[35] La misma alcanza una reputaci—n y alcance internacional cuando es recogida y elogiada por Bayle en el mencionado art’culo sobre Spinoza. Las discusiones encontraron su cl’max entre los colegiantes de Rijnsburg con la publicaci—n del libro de Johannes Bredenburg Enervatio Tractatus Teologico-Politici,[36] en 1675, a prop—sito de la obra spinoziana. Alcanzaron tal grado de intensidad que a la larga gener— un cisma formal en el movimiento colegiante holandŽs.[37] En palabras de Bayle, todos los que han refutado el TTP descubrieron en Žl los gŽrmenes del ate’smo, pero Ònadie los ha desarrollado con tanta claridad como el se–or Jean BredenbourgÓ,[38] pese a ser un hombre que no profesaba las letras y que ten’a muy pocos estudios. Sin embargo, habiendo reflexionado una infinidad de veces sobre su respuesta y sobre el principio de su adversario, descubri— que pod’a reducir tal principio a una demostraci—n. Esto lo llev— a probar, contra sus convicciones teol—gicas, que la œnica causa de todas las cosas es una naturaleza que existe necesariamente y que actœa por una necesidad inmutable, inevitable e irrevocable. Seguidamente, Bayle menciona el abatimiento que esta demostraci—n le ocasion— a su autor, puesto que, pese a haber examinado la cuesti—n desde todos los lados imaginables tratando de encontrarle una debilidad, jam‡s pudo encontrar medio alguno para destruirla. A pesar de todo, continu— difundiendo la misma y, as’, desatando discusiones viscerales entre sus contempor‡neos. Frans Kuyper, su principal adversario, publica luego un di‡logo, Den Philosopherenden Boer (El granjero filosofante), con el que intenta desacreditar a Bredenburg insinuando que era secretamente un disc’pulo de Meyer y de Spinoza y que, por lo tanto, se opon’a a la religi—n.[39] El escalamiento de la querella continu— y Bredenburg no fue finalmente capaz de enfrentar la principal objeci—n que le hac’an: que consciente o inconscientemente, su posici—n inevitablemente concede la victoria final Spinoza. Pues segregaba Òlas verdades de la Revelaci—n y de la filosof’a en dos ‡mbitos totalmente separados y contradictoriosÓ,[40] y sosten’a el r’gido fatalismo de una necesidad ciega, incompatible con la Providencia.

Esta disputa tiene un gran eco en Leibniz, quien hace referencia a ella tanto en la Teodicea[41] como en su correspondencia con el f’sico holandŽs Burcher De Volder, un personaje de gran relevancia para comprender el desarrollo de su propia concepci—n de la f’sica de los cuerpos, as’ como los compromisos metaf’sicos que la sustentan. En febrero de 1700, Leibniz le pregunta a De Volder, Òa prop—sito de los refutadores de SpinozaÓ, si conoce la historia que Bayle cuenta sobre su coterr‡neo Bredenburg, acerca de que

Éentre Vds., Bredenburg refut— primero a Spinoza en un libelo que edit—; pero despuŽs, meditando la cuesti—n con m‡s profundidad, lleg— a creer que el razonamiento de Spinoza conten’a fuerza demostrativa, lo que le intranquiliz— y busc— la ayuda de los amigos para resolver el problema, pero sin Žxito [...]. Desear’a saber d—nde consta el razonamiento de Bredenburg y c—mo puede adquirirse.[42]

 

De Volder relata extensamente la polŽmica y las proposiciones principales que constituyen la demostraci—n y, finalmente, enfatiza sobre la contradicci—n interna que aquejaba a su autor:

 

No puede ser que alguien posea una demostraci—n que considera perfectamente construida y que, sin embargo, estŽ convencido de lo contrario de dicha demostraci—n; esto es lo que le ocurr’a a Bredenburg [...]; incluso afirmaba expresamente que no pod’a refutarla sino admitiendo que de la nada se produce algo, y sin embargo afirmaba creer lo contrario adhiriŽndose no a la raz—n sino a la palabra revelada por Dios.[43]

 

En cartas siguientes, Leibniz seguir‡ discutiendo en profundidad con De Volder sobre las implicancias spinozistas de ciertas doctrinas, al mismo tiempo que intenta marcarle la cercan’a con Spinoza que ve en algunas de las opiniones de Žste.

Sin embargo, as’ como la asociaci—n sistem‡tica de Descartes a Spinoza para combatir al cartesianismo era la expresi—n corriente de una contienda de la que Leibniz era parte, esto no impidi— que Žl tambiŽn fuera acusado de spinozismo. En este sentido, una de las primeras obras en abordar la relaci—n entre Spinoza y Leibniz fue la Dissertationum philosophicarum pentas del cartesiano Ruardus Andala, publicada en 1712. All’, Leibniz es acusado de haber elaborado el sistema de la armon’a preestablecida a partir de la teor’a spinoziana del alma y el cuerpo, desarrollada por el fil—sofo holandŽs en la segunda parte de la ƒtica. El intercambio es un buen ejemplo de c—mo el spinozismo fue a la vez Òtestigo y factor de la progresiva ca’da de la filosof’a dominante del siglo XVII, el cartesianismoÓ.[44]

Igualmente, otro de los primeros cr’ticos de Leibniz fue Louis Bourguet, quien en 1714 le env’a una carta en la que sostiene que de los principios de Leibniz se derivan consecuencias spinozistas.[45] Bourguet le cuestiona que segœn su filosof’a no habr’a diferencia entre un mundo posible y el mejor mundo posible, siendo este œltimo nuestro mundo, completamente acabado y determinado por Dios.[46] A–os m‡s tarde, Joachim Lange, el adversario de Christian Wolff en Halle, juzgaba a Leibniz de similar manera.[47] Criticaba una filiaci—n entre los estoicos, Spinoza y Leibniz; y acusaba, nuevamente, a la hip—tesis de la armon’a preestablecida de ser una ramificaci—n de Òla falsa filosof’a spinozianaÓ (pseudophilosophiae spinozianae fÏtus).[48]

Por otro lado, Johann Georg Wachter, considerado uno de los m‡s destacados estudiosos de Spinoza de su Žpoca,[49] tambiŽn jug— un rol significativo en la recepci—n de la relaci—n entre Spinoza y Leibniz. Wachter no s—lo era spinozista, sino que tambiŽn estaba profundamente inmerso en las doctrinas de la c‡bala cristiana. En su libro Der Spinozismus im JŸdenthumb, publicado en 1699, Wachter asoci— el spinozismo con la c‡bala, aunque en una primera instancia termina por rechazar ambas corrientes por ate’smo. Sin embargo, luego escribe el Elucidarius cabalisticus de 1706, en el cual llega a la conclusi—n opuesta, a saber, que ambas doctrinas se ajustan a la ortodoxia cristiana. Para llegar a este resultado, reformul— la caracter’stica Òcausa inmanenteÓ de Spinoza como causa emanativa, transformando as’ el monismo naturalista de Spinoza en uno neoplat—nico religiosamente menos ofensivo.[50] TambiŽn argument— que, Òsegœn Spinoza, la materia del universo no es, pues, nada, sino que es una cosa absolutamente excelente o, como dicen los cabalistas, esp’rituÓ.[51] De esta forma, Wachter se convirti— en uno de los primeros en proponer la lectura idealista de Spinoza. Posteriormente, la misma ser‡ un factor determinante en la imagen que predomin— de Spinoza en Alemania a partir de la polŽmica del pante’smo. Si bien la obra de Wachter fue censurada y Žl mismo marginado por sus opiniones spinozistas, en el siglo siguiente sus libros fueron ampliamente le’dos y comentados en toda Europa.

Asimismo, cabe destacar las Cartas a Serena de Toland, escritas a prop—sito de las conversaciones mantenidas con Leibniz y Wachter en la Corte de Berl’n hacia 1700-1701.[52] M‡s de un siglo despuŽs, en 1854, Louis Alexandre Foucher de Careil encuentra un texto de Leibniz en los archivos de Hanover, en el que Leibniz elabora un comentario sobre el Elucidarius cabalisticus de Wachter, que tambiŽn incluye comentarios extensos sobre la lectura que Wachter hace de Spinoza. Decide publicarlo ese mismo a–o con un comentario suyo bajo el t’tulo RŽfutation inŽdite de Spinoza par Leibniz.[53] Al publicar este texto, Foucher de Careil pretend’a mostrar que Leibniz, y no Descartes, fue el mejor racionalista al elegir refutar el spinozismo y establecer el eclecticismo espiritual sobre una base firme: Òs—lo Leibniz tuvo la fuerza de oponer a Spinoza un sistema original, que sigue siendo la mejor y œnica respuesta filos—fica, y que apoy— con una refutaci—n directa y decisivaÓ.[54] Sin embargo, pese a la pretensi—n del t’tulo, dif’cilmente puede decirse que se trata en efecto de una refutaci—n por parte de Leibniz, teniendo en cuenta que el sujeto principal de la misma no es Spinoza sino Wachter.[55]

Asimismo, pese a que la influencia de Spinoza en territorio alem‡n era de larga data,[56] hacia el final del siglo XVIII se establece un punto de inflexi—n cuando su filosof’a se ve envuelta en la llamada polŽmica del pante’smo. En cuanto al tŽrmino Òpante’smoÓ, se considera que fue acu–ado primeramente por Toland, en su Socinianism Truly Stated[57] de 1705, para describir aquellas doctrinas en las que Dios se identifica con el conjunto de la naturaleza. La polŽmica, por su parte, se inici— en 1783 como un enfrentamiento privado entre Friedrich H. Jacobi y Moses Mendelssohn. Sin embargo, dos a–os m‡s tarde, la disputa se hizo pœblica cuando Jacobi edita la conversaci—n como un di‡logo escrito junto con las cartas que hab’a intercambiado con Moses Mendelssohn sobre la filosof’a de Spinoza.[58] Es destacable que se trat— de una polŽmica que comprometi— a casi todas las personalidades filos—ficas importantes de la Žpoca, que debieron tomar parte por uno por otro. Es por ello que, junto con la publicaci—n de la Cr’tica de la raz—n pura de Immanuel Kant en 1781, se considera a la polŽmica sobre el pante’smo, tambiŽn llamada Spinozismusstreit, como el acontecimiento intelectual m‡s significativo de la Alemania de finales del siglo XVIII.[59] M‡s aœn, el idealismo alem‡n ha sido caracterizado muchas veces como una s’ntesis de las ideas fundamentales de Spinoza y Kant.[60] Aunque tal afirmaci—n puede ser un poco simplista, no es menos cierto que los idealistas alemanes destacaron la importancia de Spinoza para su propio desarrollo filos—fico, tanto en tŽrminos de acuerdo como de desacuerdo, al igual que lo hicieron con Kant.[61]

En el centro del desacuerdo entre Jacobi y Mendelssohn se hallaba la figura de Lessing, quien, poco antes de morir, le hab’a confesado a este œltimo su simpat’a total por Spinoza. Esta polŽmica nuevamente involucr— de manera directa la figura de Leibniz. En efecto, m‡s all‡ de las revelaciones sobre el supuesto spinozismo de Lessing, el libro de Jacobi discut’a principalmente las tesis sobre Spinoza que Mendelssohn ya hab’a desarrollado treinta a–os antes en los Philosophische GesprŠche de 1755, en particular, sobre la relaci—n de Spinoza con Leibniz. Incluso, puede decirse que la visi—n de Mendelssohn sobre Spinoza en este libro prefigur— en cierto modo la recepci—n de Spinoza durante todo el siglo siguiente,[62] vinculando su figura a la de Leibniz. M‡s espec’ficamente, lejos de aprobar el spinozismo como tal, Mendelssohn consideraba a Spinoza una v’ctima de la necesidad hist—rica: en el desarrollo hist—rico de la filosof’a, argumentaba, alguien ten’a que caer en este abismo para que la filosof’a pasara del cartesianismo a la verdad del leibnizianismo.[63] Como una ofrenda dada en sacrificio al progreso de la filosof’a, Spinoza se transforma, as’, en un hŽroe: Òcumpli— el noble destino de ser un mediador. Cay— en el abismo. Pero su ca’da posibilit— el abandono de la filosof’a de Descartes y el nacimiento de Leibniz, el autŽntico descubridor de una verdad m‡s elevadaÓ.[64] Sin embargo, esto implicaba sostener al mismo tiempo que el leibnizianismo se basa en el spinozismo. En efecto, en los dos primeros di‡logos de los Philosophische GesprŠche, Mendelssohn mostr— c—mo dos tesis centrales de Leibniz Ñla armon’a preestablecida entre el cuerpo y el alma y la concepci—n de la mente divina como regio possibilitatisÑ tienen ra’ces conceptuales que pueden remontarse a Spinoza. La primera tesis no era original, pues ya la hab’a sostenido el cartesiano Andala, y tambiŽn hab’a sido apoyada por Lange. En ambos casos, sin embargo, la intenci—n era desacreditar a Leibniz asoci‡ndolo al infame nombre de Spinoza. Mendelssohn concluy— exactamente lo contrario: el spinozismo pod’a en parte rehabilitarse precisamente porque constitu’a la base original de una doctrina posterior, religiosamente aceptable, a saber, la de Leibniz.[65] En cuanto a la segunda tesis, se considera una invenci—n original de Mendelssohn,[66] pero implicaba una lectura idealista de Spinoza, incluida una espiritualizaci—n de la noci—n de extensi—n que puede remontarse al Elucidarius cabalisticus de Wachter. Este segundo di‡logo propone que aquello que Leibniz designa como Òel paisaje de los puros posiblesÓ es comparable con aquello que Spinoza designa como La Naturaleza. De este modo, hab’a en Leibniz un Urbild y un Nachbild del mundo, una existencia del mundo en el entendimiento de Dios antecedenter ad decretum y una existencia del mundo exterior al entendimiento de Dios que resulta de la elecci—n divina. Segœn Mendelssohn, el mundo de Spinoza existe solo en el entendimiento de Dios, porque las cosas no tienen una potencia propia, y no existe el concepto de creaci—n. El sistema spinozista, por tanto, solo incluye lo que corresponde a la Urbild del mundo en Leibniz. Por lo tanto, el deus sive natura de Spinoza es un Dios leibniziano que nunca sale de s’ mismo para crear.[67]

 

III. Leibniz lector de Spinoza. Nuevas polŽmicas en la recepci—n de la relaci—n filos—fica

Leibniz tuvo noticias de la filosof’a de Spinoza siendo muy joven, mucho antes de estudiarla en profundidad. En 1669 conoc’a los Principios de la filosof’a de Descartes que Spinoza hab’a escrito en 1663. Se trata de la œnica obra que Spinoza public— con su nombre, pero que no ten’a la intenci—n de mostrar con ella su propia filosof’a, sino exponer de la manera m‡s clara la doctrina de Descartes.[68] Leibniz hace referencia a la obra de forma indirecta en una carta a Thomasius, donde lo enumera junto con Johannes Clauberg, entre otros, como un erudito en el pensamiento de Descartes.[69] Asimismo, ley— el TTP poco despuŽs de su publicaci—n, en 1670 o 1671, y luego volvi— a estudiarlo en 1675. En 1671, trat— de entablar un intercambio epistolar con Spinoza, a prop—sito de cuestiones de —ptica. All’, Leibniz se expresa de manera elogiosa sobre Spinoza,[70] y le env’a un folleto que titula ÒNotas sobre —ptica avanzadaÓ, a la vez que le ofrece enviarle tambiŽn una copia de su reciente ÒHip—tesis F’sica NovaÓ, en el caso de que no la tuviera ya. Spinoza le responde que le gustar’a leer su Hip—tesis F’sica pero que aœn no ha llegado a La Haya, y le ofrece enviarle un ejemplar del TTP.[71] Tanto el debate sobre —ptica y la mutua oferta de libros, como la referencia sobre buscar a alguien que se encargue de la correspondencia entre ambos, o la posterior visita de Leibniz a Spinoza en La Haya, permiten suponer que seguramente hubo m‡s cartas. Sin embargo, son las œnicas que aparecen en la Opera Posthuma de Spinoza y no hay noticia de otras cartas publicadas o conocidas.[72]

Ahora bien, tal como ya hemos mencionado, la primera idea que Leibniz se hace de Spinoza, antes de siquiera haber le’do el TTP, se encuentra ante todo determinada por la opini—n fuertemente cr’tica que ten’a del cartesianismo. ƒl mismo se consideraba opuesto a Descartes, y prefer’a intentar comprender las interconexiones entre las doctrinas antes que seguir ciegamente una de ellas, tal como lo hacen, segœn cre’a, los adeptos de Descartes. En efecto, Leibniz pon’a gran parte de sus esfuerzos en hacer concordar la filosof’a mecanicista, la teolog’a cristiana y ciertos aspectos purificados del aristotelismo,[73] y constituy— una labor que mantuvo a lo largo de su vida. En contraposici—n, desconfiaba de los llamados ÒinnovadoresÓ o novatores ÑtŽrmino con el que Leibniz generalmente se refer’a despectivamente a los cartesianosÑ que, con esp’ritu de secta, despreciaban todo lo que los anteced’a.[74] Tal como sostiene L¾rke,[75] es en conexi—n con esta actitud antisectaria de Leibniz que tiene sentido la clasificaci—n de Spinoza entre los adeptos a Descartes, que menciona en la carta a Thomasius.

En cuanto a Spinoza, ya en 1665 se encontraba trabajando en la ƒtica, pero interrumpe la redacci—n de la misma para escribir el TTP, que finalmente en 1670 sale a la luz.[76] La obra versa sobre la libertad de filosofar y la paz del Estado, y presenta una interpretaci—n naturalista de las Escrituras. Asimismo, expone una de las tesis por la que Spinoza ser‡ m‡s conocido: la identificaci—n de Dios con la naturaleza. La edita de manera an—nima Jan Rieuwertsz, quien ten’a la reputaci—n de imprimir libros que rozaban la herej’a y estaba fuertemente vigilado por las autoridades.[77] La noticia llega a o’dos de Leibniz r‡pidamente, tal como puede leerse en una nueva carta a Thomasius de septiembre de 1670, donde recoge la refutaci—n Adversus anonymum de libertate philosophandi que su antiguo profesor en Leipzig hab’a publicado recientemente. Al mismo tiempo, aunque para entonces Leibniz no sab’a con seguridad quiŽn era el autor,[78] asocia la obra al Leviatan de Hobbes:

 

Hace poco vi un programa de Leipzig, sin duda realizado por usted, en el que trataba como se merec’a un libro intolerablemente licencioso sobre la libertad de filosofar. El autor parece seguir de cerca, no s—lo la pol’tica, sino tambiŽn la religi—n de Hobbes, cuyos rasgos este œltimo dibuj— suficientemente del mismo modo en su Leviat‡n, obra cuyo t’tulo mismo denuncia su car‡cter monstruoso: no hay, en efecto, ni siquiera el germen de esta cr’tica tan maravillosa ejercida por el individuo arrogante (homo audax) contra la Sagrada Escritura, que no se encuentre en un cap’tulo entero del Leviat‡n.[79]

 

Tal como se–ala Parkinson,[80] es Johann Graevius, profesor cartesiano en Utrecht, quien, en una carta de abril de 1671, inform— a Leibniz de que el monstruoso pensamiento del que proced’a este libro imp’o era el de Spinoza.[81] Leibniz le transmite la novedad a Thomasius en enero de 1672, y se refiere a Spinoza como un jud’o excomulgado a causa de sus opiniones ateas, as’ como un hombre excesivamente cultivado en las letras y un excelente —ptico.[82] Ciertamente, para entonces Leibniz ya hab’a entablado correspondencia con Spinoza. Sin embargo, seguidamente, en febrero de 1672, Leibniz le escribe a Albert von Holten poniendo en duda que Spinoza sea realmente el autor del TTP, siendo que ya ten’a certeza al respecto.[83] Asimismo, un tono hostil puede verse en una carta a Arnauld de noviembre de 1671, donde Leibniz se refiere a Spinoza por su nombre y como el Òautor de aquel horrible reciente libro sobre la libertad de filosofarÓ.[84] Lo cual da cuenta de la prudencia, para algunos, o duplicidad, para otros, con la que Leibniz se refer’a sobre cuestiones vinculadas al fil—sofo jud’o.[85] Asimismo, la cantidad de actividad epistolar asociada a su figura puede explicar el interŽs cada vez mayor de Leibniz por Spinoza, el autor de una obra que se encontraba entre los grandes acontecimientos intelectuales del a–o en Europa.[86] Asimismo, al menos desde 1671, Leibniz ya contaba con una lectura detenida de la obra, tal como puede confirmarse en la respuesta a la anterior carta de Graevius:

 

He le’do el libro de Spinoza. Deploro que un hombre de cultura tan evidente haya ca’do tan bajo. Su cr’tica de los libros sagrados se basa en el Leviat‡n de Hobbes, pero no es dif’cil demostrar que a menudo resulta floja. Escritos de este tipo tienden a derribar la religi—n cristiana, cuyo edificio ha sido consolidado por la preciosa sangre, el sudor y las vigilias prodigadas por los m‡rtires. Si [tan s—lo] pudieran estimular a un hombre igual a Spinoza en erudici—n, pero superior a Žl en su respeto por el cristianismo, a desenmascarar sus numerosos paralogismos y su explotaci—n de las letras orientales.[87]

 

Ciertamente, ha de tenerse en cuenta quien es el interlocutor de Leibniz a la hora de interpretar el compromiso de tales palabras.[88] Pero es claro que, m‡s all‡ de que muestre un concepto fuertemente cr’tico del TTP, Leibniz ya no consideraba a su autor como un mero fil—sofo arrogante o un cartesiano entre otros. Antes bien, se trataba de un hombre que, adem‡s de tener una gran erudici—n sobre cuestiones tanto b’blicas como de filosof’a natural, era un h‡bil adversario. A su vez, como dec’amos, esta no ser‡ la œnica lectura que realizar‡ de la obra, sino que volver‡ sobre ella bajo un nuevo cariz entre 1675 y 1676. La misma se enmarca en el contexto de la estancia de Leibniz en Par’s, la cual se extendi— desde marzo de 1672 a octubre de 1676. Este per’odo parisino es de fundamental importancia para comprender el desarrollo filos—fico de Leibniz. Pues fueron cuatro a–os de profunda formaci—n, en los que abandon— algunas de las tesis que ten’a por verdaderas y sostuvo otras a la luz de sus nuevas investigaciones sobre f’sica y matem‡tica. En efecto, cuando Leibniz llega a Par’s era ante todo un joven diplom‡tico, ciertamente culto, pero que aœn no hab’a dado muestras reales de sus capacidades matem‡ticas latentes.[89] Sin embargo, fue a lo largo de estos a–os que Leibniz absorbi— la ciencia exacta avanzada de la Žpoca[90] y se convirti— en uno de los matem‡ticos m‡s destacados entre sus contempor‡neos.

Por otro lado, all’ tambiŽn conoce a Van den Enden[91] y, durante una breve visita a Londres en 1673, entabla un importante v’nculo con Oldenburg, secretario de la Royal Society y amigo cercano de Spinoza. Sin embargo, quien renueva su interŽs por la filosof’a de Spinoza es con seguridad Tschirnhaus. Leibniz lo conoce cuando Žste arriba a Par’s en septiembre de 1675[92] y r‡pidamente trab— amistad con Žl. La estrecha relaci—n cient’fica entre Leibniz y Tschirnhaus est‡ documentada por las numerosas notas conservadas de sus conversaciones y estudios conjuntos sobre f’sica y matem‡tica.[93] Cuando conversan sobre Spinoza, Leibniz muestra un gran interŽs por conocer m‡s profundamente su filosof’a. Tschirnhaus le revela algunos extractos que hab’a hecho de los manuscritos de Spinoza, pero se abstuvo de mostrarle la ƒtica, dada la promesa que le hab’a hecho a Spinoza de no hacerlo sin antes consultarle. Esto se encuentra documentado en la carta que Schuller le escribe a Spinoza el 14 de noviembre de 1675. Schuller transmite el pedido de Tschirnhaus, quien cuenta que ha conocido a Leibniz en Par’s y le ha parecido un hombre desprejuiciado y de extraordinaria erudici—n.[94]

La carta es muy ilustrativa de la relaci—n entre ambos, y menciona otras dos cuestiones significativas. Por un lado, refiere a una carta que Leibniz le env’a a Spinoza sobre el TTP, lo que abona la tesis de que hubo m‡s cartas entre ellos, dado que la que se conserva es sobre temas de —ptica. Por otro lado, tambiŽn da cuenta de que Leibniz contaba con un acceso directo al TTP y ten’a un concepto elevado de la obra. Sin embargo, entre el intercambio de cartas de Spinoza con Leibniz y las palabras de Schuller pasan al menos tres a–os, y la respuesta de Spinoza muestra una gran cautela. Si bien la impresi—n que Spinoza ten’a de Leibniz era la de un hombre versado y liberal, no era suficiente para confiarle todav’a la ƒtica, a la cual Leibniz reciŽn tendr‡ acceso completo cuando se publica la Opera Posthuma en 1677:

 

Al se–or Lybniz (sic), del que me escribe, creo que lo conozco por carta, pero ignoro por quŽ motivo se ha ido a Francia, siendo consejero en Fr‡ncfort. Por lo que he podido colegir de sus cartas, me ha parecido un hombre de talante liberal y versado en toda ciencia. Sin embargo, confiarle tan r‡pidamente mis escritos, lo considero imprudente. Quisiera saber antes quŽ hace en Francia y o’r el juicio de nuestro amigo Tschirnhaus cuando lo haya tratado m‡s tiempo y conozca m‡s a fondo sus costumbres.[95]

 

En efecto, Tschirnhaus continœa profundizando su trato con Leibniz al punto de volverse muy estrecho y prolongarse hasta el final de su estancia en Francia. En cuanto a la ƒtica, si bien consideramos que es probable que Tschirnhaus no le haya entregado a Leibniz la obra, respetando su compromiso con Spinoza,[96] ello no impidi— que le comentara sobre el contenido de la misma. Esto puede colegirse de las anotaciones que Leibniz escribi— a ra’z de sus conversaciones:

[Mons. Tschirnhaus me habl— mucho del libro del se–or Spinoza [...]. El libro de Spinoza ser‡] sobre Dios, el alma, la beatitud o la idea del hombre perfecto, de la medicina del alma, de la medicina del cuerpo. [Pretende demostrar cosas de Dios]; que s—lo Žl es libre.[97]

 

Asimismo, si bien las anotaciones evidencian que Leibniz comprende bien algunas ideas de Spinoza, creemos que esto no implica que las comprende de manera suficiente, o al menos no es equiparable con la que contar‡ luego de acceder a la Opera Posthuma en 1678.[98] Adem‡s, Tschirnhaus se vio obligado a reconstruir Žl mismo los argumentos de la ƒtica, conllevando ciertas inexactitudes o recurriendo a la doctrina de Descartes. Las notas de Leibniz, por su parte, resumen una o varias conversaciones que sin duda tomaron la forma de una reflexi—n conjunta, sin limitarse a una exposici—n fiel del sistema. Por este motivo es que, para comentadores como L¾rke, puede decirse que Ò[e]l spinozismo que Leibniz lleg— a conocer era, pues, un spinozismo espec’ficamente tschirnhausiano, te–ido de cartesianismoÓ.[99]

Otra lectura spinoziana de gran importancia en este periodo es la Carta 12, conocida como la Carta sobre el infinito. Se trata de las anotaciones de Leibniz a la carta que Spinoza le env’a a Meyer en 1663. Las anotaciones de Leibniz fueron publicadas por primera vez en 1875 por Gerhardt, y posteriormente reeditadas en una versi—n definitiva en la edici—n de la Academia, bajo el t’tulo Communicata ex literis domini  Schulleri.[100] La lectura que Leibniz hace de ella, muestra el profundo interŽs que le gener—, al punto de que vincul— pasajes de esta tanto con otras partes de la obra de Spinoza que conoc’a como con problemas matem‡ticos que le preocupaban en ese momento. En este sentido, es preciso tener en cuenta que el estudio de Leibniz de la carta se da en un contexto muy especial, que es su gran labor matem‡tica vinculada a la invenci—n del c‡lculo diferencial que, para esta Žpoca, Leibniz ya hab’a desarrollado. Sin embargo, cabe destacar el œltimo p‡rrafo de la Carta 12, donde Spinoza desarrolla una cr’tica de la prueba cosmol—gica a posteriori de Dios, tal como se sostiene en la filosof’a escol‡stica. Esta prueba establece ad absurdum que no puede haber una cadena infinita de causas y efectos, sino que necesariamente debe haber una causa primera en la naturaleza. Segœn Spinoza, los peripatŽticos antiguos y modernos utilizan err—neamente el argumento para probar que debe haber un ÒcomienzoÓ de la cadena que corresponde a una creaci—n ex nihilo, en la que Dios ocupa la posici—n de primera causa. En realidad, el argumento debe entenderse en tŽrminos l—gicos, no en tŽrminos temporales y causales:

La fuerza del argumento no reside en que sea imposible que se dŽ el infinito en acto o el proceso de las causas al infinito, sino s—lo en que suponen que las cosas que no existen necesariamente por su naturaleza no son determinadas a existir, a no ser por una cosa que existe necesariamente por su naturaleza.[101]

 

Dios no es el primer eslab—n de la serie de las causas, pero es ÒprimeroÓ en el sentido de que sostiene la existencia de todos los seres que no son ellos mismos necesarios: es la potencia causal que recorre toda la cadena como condici—n de la causalidad como tal, y, por tanto, igualmente presente en todas partes de esta cadena.[102] Leibniz est‡ de acuerdo:

 

Esta es una observaci—n correcta, que concuerda con lo que yo mismo digo, a saber, que nada existe excepto aquello que tiene una raz—n suficiente para existir [...]. De aqu’ se sigue algo verdaderamente memorable; que lo que es anterior en la serie de causas no est‡ m‡s cerca de la Raz—n de las cosas, es decir, del Primer ser, que lo que es posterior; ni el Primer Ser es la raz—n de las posteriores como resultado de la mediaci—n de las anteriores, sino que es la raz—n de todas ellas de modo igualmente inmediato.[103]

 

Como puede verse, Leibniz reconoce su propio principio de raz—n suficiente en las afirmaciones de la Carta 12: Dios es la causa de todas las cosas en cuanto es la raz—n suficiente de ellas, el requisito œltimo o ratio rationis.[104] No es de extra–ar que Friedmann escriba a este respecto que Leibniz, Òde acuerdo con su modo habitual, inflexiona el pensamiento ajeno hacia el suyo propioÓ.[105] En este caso, hacia el principio de raz—n suficiente, y rechaza la idea de una serie infinita de causas que prescindir’a de tal principio o Primer Ser, capaz de dar la raz—n del Universo. Pues, la serie total de causas debe dar ella misma una raz—n de su existencia, de su elecci—n segœn el principio de lo mejor, dado que podr’amos imaginar otra serie total y diferente.

Por otra parte, como hemos mencionado, Leibniz tuvo un Òperiodo amistosoÓ con Spinoza, en el que lleg— a sostener ideas que contienen una gran resonancia spinoziana. Cabe mencionar que, desde la publicaci—n en 1890 del libro de Ludwig Stein en el que presenta dicho ÒSpinoza-freundliche PeriodeÓ, la segunda mitad de la dŽcada de 1670 ha sido uno de los periodos m‡s controvertidos para los historiadores e historiadoras que estudian la relaci—n entre ambos fil—sofos. En cuanto a la tesis general de Stein, encuentra una respuesta totalmente opuesta en la tesis de Friedmann, quien dedica una secci—n de su libro a refutar la lectura de Stein, negando toda posibilidad de cualquier tipo de influencia. Dicha lectura se constituy— como una de las m‡s consolidadas, mientras que la de Stein fue fuertemente criticada, pero tambiŽn mal comprendida. Por nuestra parte, destacamos la concepci—n monista de la substancia que puede encontrarse en algunos de los escritos metaf’sicos del per’odo 1675-1676, hoy conocidos como De summa rerum. All’ puede verse c—mo el problema de la relaci—n entre lo uno y lo mœltiple, uno de los problemas con mayor pregnancia en su sistema, encontrar‡ en la filosof’a de Spinoza una formulaci—n de gran atractivo para el joven Leibniz. Tal vez el pasaje m‡s spinozista de Leibniz, que muestra de manera clara el compromiso con un monismo de la substancia, es el que se encuentra en el texto ÒQue un ser perfecto es posibleÓ. All’ Leibniz dice:

 

todas las cosas se distinguen no como substancias (es decir, radicalmente) sino como modos, a partir del hecho de que en las cosas que son radicalmente distintas, una de ellas puede ser perfectamente entendida sin la otra, es decir, que todos los requisitos de una pueden ser entendidos sin que sean entendidos todos los requisitos de la otra [...]. [P]or consiguiente, la esencia de todas las cosas es la misma, y las cosas no se diferencian sino en cuanto al modo, lo mismo que una ciudad contemplada desde el lugar m‡s alto difiere de la ciudad contemplada desde el llano.[106]

 

Sin embargo, es preciso atender a las limitaciones y especificidades de esta etapa que se circunscribe a un per’odo relativamente corto, a la luz de los diferentes enfoques y desacuerdos que han existido a lo largo de la historia. M‡s precisamente, entre quienes, por un lado, ven en De summa rerum un sistema que anuncia las doctrinas maduras de Leibniz y que por tanto es una suerte de Òproto-monadolog’aÓ, acentuando la continuidad y no la ruptura del sistema. Por otro, quienes ven en De summa rerum una doctrina spinozista o cercana al spinozismo que, si bien esto no contradice la existencia de conceptos embrionarios que luego podr‡n hallarse en textos posteriores de Leibniz, ellos se encontrar‡n en cierta tensi—n con aquella. Es decir, ponderamos las restricciones que presentan las mismas fuentes, ya que se trata principalmente de textos que, aunque llenos de ideas, se encuentran desarrollados a medias, a veces de manera oscura, y cuando se los considera en su conjunto, pueden resultar contradictorios entre s’. Se trata de rasgos que, ciertamente, Leibniz mismo reconoc’a: ÒHay muchas cosas esbozadas y emprendidas, pero ejecutadas o llevadas a la perfecci—n: a decir verdad, nadaÓ.[107] Algo similar escribi— sobre el Pacidius philalethi de octubre de 1676, y que para algunos comentadores se aplica al conjunto de los textos del De summa rerum: ÒEncontrarŽis, como se dice, carb—n como tesoro; como obras elaboradas, hojas dispersas y restos mal expresados de r‡pidas meditaciones, y para el registro s—lo a veces conservadosÓ.[108] Igualmente, estas Òmuchas cosasÓ esbozadas y emprendidas en este per’odo, dan cuenta de que hubo una coexistencia de pluralidad de ideas que no se resumen ni se explican por la sola cercan’a con el spinozismo. Por esto mismo, pueden encontrarse otros motivos para dudar de que Leibniz haya sostenido siempre una œnica tesis, tanto sobre la relaci—n entre Dios y el mundo, como sobre la naturaleza de la substancia. Leibniz admite en m‡s de una ocasi—n la Žpoca en la que comparti—, por ejemplo, la explicaci—n de los ‡tomos de Dem—crito, y pueden encontrarse escritos de 1670-71 en los que se percibe una clara cercan’a con el mecanicismo de Gassendi o de Hobbes, cuando Leibniz se encontraba componiendo su Hypothesis physica nova.

Ahora bien, la simpat’a con el spinozismo disminuye luego de que Leibniz tuviera acceso a las œltimas cartas de Spinoza a Oldenburg durante su viaje a Londres en octubre de 1676, y visitara al propio Spinoza en La Haya al mes siguiente. El punto ‡lgido de la ruptura puede identificarse cuando lee la Opera posthuma poco despuŽs de su publicaci—n a principios de 1678, alej‡ndose de las hip—tesis spinozistas incluidas en el De summa rerum, y direccion‡ndose hacia lo que ser‡ su filosof’a del llamado Òperiodo medioÓ. En este sentido pueden entenderse las palabras de Friedmann: Òparece haber una bisagra: los duros juicios que Leibniz deja caer sobre Spinoza en [...] el extracto cr’tico [de la Opera Posthuma] son hitos que anuncian e incluso abren un nuevo per’odoÓ.[109] En efecto, el cambio de actitud es muy claro entre De summa rerum y sus notas de lectura de la ƒtica. Ellas contienen la bœsqueda de una refutaci—n de la primera parte de la obra, casi proposici—n por proposici—n. Adem‡s de hacer anotaciones, transcribe pasajes en p‡ginas separadas acompa–ados de sus propios comentarios y, finalmente, reescribe toda la primera parte. Critica la metaf’sica b‡sica de Spinoza por oscura y contradictoria, formulando, en particular, una serie de objeciones a la teor’a de los atributos. Asimismo, refiere a la teor’a de la beatitud y de la eternidad del alma de Spinoza, y no est‡ de acuerdo con que nada sobreviva salvo lo que es eterno en la mente, o sea la idea o esencia del cuerpo. En efecto, dado que el cuerpo se encuentra siempre en constante cambio, le resulta dif’cil ver c—mo su idea puede seguir siendo la misma. No obstante, algunos comentadores y comentadoras han visto en la lectura que hace de la obra de Spinoza, acotaciones que, aunque busquen aclarar supuestos equ’vocos terminol—gicos, en la mayor’a de los casos introducen importantes distorsiones de sentido en relaci—n con la intenci—n real de Spinoza. En particular, para Hart, Leibniz adapta el vocabulario de la ƒtica a la l—gica aristotŽlica y neoescol‡stica que rige su propio sistema;[110] y, para L¾rke, Òlejos de cumplir el objetivo de clarificaci—n, este modo de proceder [...] hace imposible cualquier comunicaci—n real entre la doctrina de Spinoza y la de LeibnizÓ.[111]

Por œltimo, cabe destacar que a finales del siglo XIX y principios del XX, hubo un significativo surgimiento de estudios dedicados exclusivamente a la relaci—n entre Spinoza y Leibniz. A diferencia de los comentadores del pasado, estos estudios implicaron la publicaci—n de trabajos monogr‡ficos especializados. Entre ellos, hubo quienes argumentaron a favor de una influencia directa de Spinoza en la metaf’sica de Leibniz, otros que negaron toda posibilidad de un acercamiento y, por œltimo, Ñdesde una perspectiva m‡s moderadaÑ, hubo quienes plantearon que durante algunos a–os el alem‡n tuvo una considerable cercan’a con el spinozismo. Sin embargo, la gran mayor’a de las interpretaciones subsiguientes se inclinaron por negar cualquier relaci—n entre sus propuestas y, en dicha medida, tuvieron por objeto fundamental probar la independencia de las tesis de Leibniz e incluso su rechazo continuo al spinozismo. Entre ellas, es particularmente destacable la lectura de Friedmann, quien sostuvo que ambos fil—sofos se encuentran Òtan alejados que muchas veces parecen no comunicarse el uno con el otroÓ.[112] Asimismo, fueron Òun ejemplo incomparable de tesis y ant’tesis en la dialŽctica de la historia de la filosof’aÓ;[113] donde Òsus pensamientos van  [...] en sentidos exactamente contrariosÓ y, por ello, Òestaban destinados a chocar violentamenteÓ.[114] TambiŽn Parkinson, quien continœa esta idea de un modo incluso m‡s radical, argumenta que no hay ningœn momento de cercan’a al spinozismo Ñni siquiera en los a–os parisinos de 1672-1676Ñ, siendo la filosof’a leibniziana asimismo opuesta al pante’smo y al determinismo.[115] Stuart Brown[116] y Christia Mercer[117] tambiŽn continœan esta l’nea inter­pretativa. Mercer sostiene que Leibniz nunca fue pante’sta de ningœn tipo: Òsi bien es cierto que estaba fascinado con la metaf’sica de la ƒtica y que respondi— a los detalles del sistema de Spinoza durante gran parte de su larga vida, es falso que el pante’smo spinozista le tentara seriamenteÓ.[118] Por œltimo, Robert M. Adams tambiŽn atiende a la influencia spinoziana en Leibniz.[119] Coincidimos parcialmente con Žl que, pese a algunas excepciones en las que se mencionan ciertas coincidencias, Òla tendencia preponderante en la erudici—n [...] es argumentar que Leibniz fue siempre fundamentalmente opuesto a SpinozaÓ.[120] Sin embargo, es preciso remarcar que Adams realiza tal diagn—stico a finales de siglo XX, en un momento en el que se da un nuevo punto de inflexi—n en la historia de la recepci—n de la relaci—n entre ambos fil—sofos. El escenario ha variado considerablemente desde entonces, y las lecturas actuales, en general, adoptan posturas m‡s intermedias. Existe un nœmero cada vez mayor de intŽrpretes que vuelven a reparar en la idea del per’odo amistoso entre ambos sistemas. Aunque, ciertamente, ello no implica necesariamente cuestionar la independencia de la filosof’a primera de Leibniz ni, menos aœn, de los conceptos del per’odo maduro. Se destaca, entre otras, la tesis que Mark Kulstad present— en el VI Internationaler Leibniz-Kongress de 1994, ÒDid Leibniz incline toward Monistic Pantheism in 1676?Ó;[121] as’ como la obra monumental de L¾rke, Leibniz lecteur de Spinoza. La gen�se dÕune opposition complexe, en la que se analizan meticulosamente las fuentes y la historia de la recepci—n de estas.[122] Destacamos tambiŽn la tesis de Rodolfo Fazio, quien sostiene que Òla radical opo­sici—n que a primera vista se percibe en sus sistemas contrasta con un parecido primigenio dif’cil de precisarÓ,[123] y analiza la posible influencia positiva de la metaf’sica de Spinoza en el desarrollo de la noci—n leibniziana de substancia. En particular, evalœa que la lectura de la ƒtica por parte de Leibniz en 1678 tiene relevancia a la hora de comprender la reforma en el concepto de substancia que el propio fil—sofo alem‡n declara haber llevado adelante a partir de 1679.[124]

 

IV.  Consideraciones finales

La lectura que aqu’ hemos propuesto se inscribe en la l’nea de estudios contempor‡neos que buscan revalidar la tesis de una recepci—n inicial positiva de Spinoza por parte del joven Leibniz, seguida de una marcada ruptura tras la lectura de la Opera Posthuma. Asimismo, las diferencias interpretativas tan pronunciadas que, como hemos mostrado, pueden encontrarse a lo largo de m‡s de trescientos a–os de historia, pueden explicarse por al menos dos variables principales. Por un lado, por la complejidad del problema que constituye la relaci—n entre ambos fil—sofos donde no solo se juegan importantes compromisos metaf’sicos, sino que la misma se inscribe en un contexto teol—gico-pol’tico dif’cil. Es decir, existieron constantes acusaciones cruzadas, as’ como una marcada actitud ambivalente de Leibniz en lo que respecta a sus declaraciones sobre Spinoza y el spinozismo, que variaban entre el elogio y el desprecio, segœn la fecha y el receptor al que iban dirigidas. Por otro lado, por la aparici—n de cada vez m‡s textos de Leibniz, antes inŽditos y, por tanto, inaccesibles a los estudiosos y estudiosas de otros per’odos, los cuales se suman a un ya extenso y abultado corpus leibniziano.

Por nuestra parte, examinamos la relaci—n filos—fica entre Leibniz y Spinoza a travŽs de los diversos personajes que nutrieron el escenario y el contexto hist—rico del problema. Esto nos permiti— determinar el papel central del cartesianismo como eje articulador de dicha relaci—n. Establecer esta intersecci—n ayuda no solo comprender a sus diferencias, sino tambiŽn a identificar preocupaciones comunes, como la sustancia y la causalidad. La ambivalencia de Leibniz hacia Spinoza no debe entenderse como una contradicci—n, sino como una clave para desentra–ar la riqueza de su di‡logo filos—fico. Igualmente, frente a las diversas interpretaciones historiogr‡ficas y filos—ficas que reviste, consideramos que esta problem‡tica, lejos de haberse agotado, sigue necesitando ser explorada. De este modo, buscamos aportar una nueva luz no solo sobre las diferencias irreconciliables, sino tambiŽn respecto de sus afinidades, con el objeto de mostrar hasta quŽ punto puede encontrarse en ambos fil—sofos preocupaciones comunes. En cuanto al esfuerzo posterior de Leibniz por ÒdestruirÓ el spinozismo, nos parece sugerente en lo que respecta a la manera en que el pensamiento de uno se refracta en el del otro. No solo por ser una filosof’a con la que Leibniz comparti— compromisos metaf’sicos en el pasado, sino ante todo por ser tan opuesta a su vocaci—n conciliatoria, por la que es tan conocido. En efecto, la de Spinoza es la œnica doctrina filos—fica de envergadura que es completa y expl’citamente excluida de lo que suele denominarse como su Òeclecticismo conciliatorioÓ.[125] Es decir, su pretensi—n de integrar toda la tradici—n filos—fica al seno de su propio sistema, al modo de un centro de perspectiva en el que todas las doctrinas se encontrar’an reunidas. Sin embargo, es claro que la asociaci—n a Spinoza impedir’a a Leibniz que sus propias ideas filos—ficas fueran bien recibidas, teniendo en cuenta el sistema teol—gico-pol’tico de una Žpoca que ambos compart’an.

 

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[1] Cf. Belaval, Yvon, ÒLeibniz lecteur de SpinozaÓ, en Archives de Philosophie, N¼ 46, 1983, pp. 531-552.

[2] Cf. Bunge, Wiep van, From Stevin to Spinoza. An Essay on Philosophy in the Seventeenth-Century Dutch Republic, Leiden, Brill, 2001, p. 114 y Kolakowski, Leszek, ChrŽtiens sans Žglise: La conscience rŽligieuse et le lien confessionnel au 17e si�cle, Paris, Gallimard., 1969, pp. 206Ð225.

[3] Cf. Groot Placaet-Boek vervattende deplacaten [...] van de Staten Generael der Vereenigde Nederlanden ende van de [...] Staten van Holkndt ('s Gravenhage, 1658-1796), 9 vols., III, p. 523-4.

[4] Israel, Jonathan, La ilustraci—n radical. La filosof’a y la construcci—n de la modernidad, 1650-1750, MŽxico, Fondo de Cultura Econ—mica, 2017, pp. 351-533.

[5] Cf. Israel., Jonathan, ÒThe Banning of Spinoza's Works in the Dutch RepublicÓ (1670-1678), en Bunge, Wiep van y Klever, Wim (eds.) Disguised and overt Spinozism around 1700, Leiden, Brill, 1995a, p. 11.

[6] Thomasius, J. (1670/1693) ÒAdversus anonymum, de libertate philosophandiÓ, en Thomasius, Chr. (ed). Dissertationes LXIII. Hal¾ Magdeburgic¾: Impenis Johannis Friderici Zeitleri, pp. 571-584.

[7] Ver Beiser, Frederick, The Fate of Reason: German Philosophy from Kant to Fichte, Cambridge, Harvard University Press, 1987, p. 48.

[8] Los textos de Spinoza se citar‡n segœn las siguientes abreviaturas: Ep Epistolae; PPC Renati des Cartes Principiorum Philosophiae. Las referencias a los textos latinos originales de Spinoza se basan en la îpera de Spinoza, editada por Carl Gebhardt, y siguen este formato: G/ nœmero de volumen/ nœmero de p‡gina/.

[9] Melchioris, Johannes, Epistola ad amicum, contiens censuram libri, cui titulus: Tractatus theologico-politicus, Utrecht, Cornelius Noenaert, 1671. VŽase: Ep 68, G/IV/299.

[10] Gootjes, Albert, ÒThe First Orchestrated Attack on Spinoza: Johannes Melchioris and the Cartesian Network in UtrechtÓ, en Journal of the History of Ideas, Vol. 79, No. 1, 2018, pp. 23-43.

[11] Cf. Leen Spruit y Pina Totaro (eds), The Vatican Manuscript of SpinozaÕs Ethica. Leiden/Boston, Brill, 2011.

[12] Sin embargo, tal como marca Nyden-Bullock, el tŽrmino ÔcartesianismoÕ era muchas veces utilizado en un sentido bastante amplio e inclu’a la Nueva Filosof’a en general y no solo las ideas de Descartes. Nyden-Bullock, Tammy, ÒRadical Cartesian Politics: Velthuysen, De la Court and SpinozaÓ en Studia Spinozana 15 Spinoza and Dutch Catesianism, WŸrzburg, Kšnigshausen & Neumann, 2006, pp. 35-65.

[13] Cf. Israel, Jonathan. (1995b) The Dutch Republic: its rise, greatness, and fall 1477-1806, Oxford, Oxford University Press, p. 787.

[14] Meinsma, Koenraad O, Spinoza et son cercle: Žtude critique historique sur les hŽtŽrodoxes hollandais, Paris, Vrin, 1983.

[15] Nyden-Bullock, Tammy, op. cit., p. 41.

[16] Cf. Krop, Henri, ÒSpinoza and the calvinistic cartesianism of Lambertus van VelthuysenÓ en Studia Spinozana 15 Spinoza and Dutch Catesianism, WŸrzburg: Kšnigshausen & Neumann, 2006, pp. 107-132.

[17] Cf. Bunge, Wiep van, Spinoza Past and Present Essays on Spinoza, Spinozism, and Spinoza Scholarship, Leiden, Brill, 2012.

[18] Tschirnhaus, E. Walther von, Medicina mentus sive Tentamen genuin¾ Logic¾. Amstel¾dami, Apud Albertum Magnum, & Joannem Rieuwerts Juniorem, 1687.

[19] A menos que se indique lo contrario, todas las traducciones del francŽs, inglŽs y lat’n son de mi autor’a. Los textos de Leibniz se citan de acuerdo a las siguientes abreviaturas: A (SŠmtliche Schriften und Briefe, ed. Akademie der Wissenschaften, Berl’n, Akademie-Verlag 1923-[...]), seguido del nœmero de serie y de volumen en nœmeros romanos y ar‡bigos, y del nœmero de p‡gina en nœmeros ar‡bigos. GP (Die philosophischen Schriften, ed. C.I. Gerhardt, 7 vols., Berlin, Weidmann, 1875Ð1890) seguido del nœmero de volumen en nœmeros romanos y de p‡gina en nœmeros ar‡bigos; y LT (Leibniz-Thomasius. Correspondance 1663-1672, Richard BodŽŸs (ed.), Par’s, Vrin, 1993) seguido del nœmero de p‡gina en nœmeros ar‡bigos. La cita indicada se encuentra en: A, VI-4, 2197.

[20] A, VI-4, 2197.

[21] Malebranche, Nicolas, Oeuvres, 2 vols., Paris, Gallimard, 1979Ð92, p. 826.

[22] VersŽ, No‘l A. de, L'Impie convaincu ou Dissertation Contre Spinosa dans laquelle on rŽfute les fondaments de son athŽisme, Amsterdam, CrŽlie, 1684.

[23] Ib’d., Prefacio.

[24] Cf. Moreau, Pierre-Fran�ois y L¾rke, Mogens, ÒSpinozaÕs ReceptionÓ en The Cambridge Companion to Spinoza, Don Garrett (ed.), Cambridge, Cambridge University Press, 2022, p. 413.

[25] Goldembaum, Ursula, ÒTransubstantiation, Physics and Philosophy at the Time of the Catholic DemonstrationsÓ en Brown, Stuart (ed.), The Young Leibniz and his Philosophy, Dordrecht, Kluwer Academic Publishers, 1999, p. 92.

[26] Beiser, Frederick, op. cit., p. 48.

[27] GP/IV/163.

[28] GP/IV/163.

[29] GP/IV/163.

[30] GP/IV/590.

[31] A, VI-4, 350.

[32] Por ejemplo, vŽase Regius, Johannes, Cartesius verus spinozismus architectus. Amstelodami, B. Lakeman, 1723.

[33] Ramsay, Andrew M., ÒAppendix to the Foregoing Work Containing a Refutation of the First Book of SpinozaÕs Ethics by Which the Whole Structure Is Undermined.Ó en The Philosophical Principles of Natural and Revealed Religion, Unfolded in a Geometrical Order: 425Ð541, Glasgow, Robert Foulis. 1748, p. 536.

[34] Verni�re, Paul, Spinoza et la pensŽe fran�aise avant la RŽvolution, Paris, PUF, 1954, pp. 260.

[35] Israel, Jonathan, La ilustraci—n radical, op. cit., pp. 426-446.

[36] Bredenburg Johannes, Enervatio Tractatus Teologico-Politici, una cum demonstratione, geomemco ordine disposita, Naturam non esse Deum. R—terdam, 1675.

[37] Israel, Jonathan, La ilustraci—n radical, op. cit., p. 426.

[38] Bayle, Pierre, Diccionario hist—rico y cr’tico. Selecci—n, Buenos Aires, El Cuenco de Plata, 2010, p. 358.

[39] Israel, Jonathan, La ilustraci—n radical, op. cit., p. 433.

[40] Ib’d., p. 444.

[41] En efecto, Leibniz reproduce textualmente el relato que Bayle hace de las discusiones de Bredenburg. Cf. ¤373, A, VI-6, 337.

[42] GP/II/213.

[43] GP/II/218-219.

[44] Moreau, Pierre-Fran�ois y L¾rke, Mogens, op. cit., p. 414.

[45] Cf. GP/III/575.

[46] Cf. GP/III/573.

[47] Lange, J. Joachim, Causa Dei et religionis naturalis adversus atheismum, Halle Saxonum, 1727. [Facs’mil en Wolff, Christian, Gesammelte Werke, vol. 3/17, Hildesheim, Georg Olms Verlag, 1984.]

[48] Citado en Belaval, Yvon, op. cit., p. 551.

[49] Cf. Moreau, Pierre-Fran�ois y L¾rke, Mogens, op. cit., p. 418.

[50] Cf. Ib’d. pp. 418-419.

[51] Wachter, Johann G. Elucidarius cabalisticus, sive reconditae Hebraeorum philosophiae brevis et succincta recensio, Rome, 1706. [Facs’mil en Schršder, W. (ed.), Freidenker der europŠischen AufklŠrung, vol. I-2, Stuttgart-Bad Cannstatt, Frommann-Holzboog, 1995, p. 46].

[52] Toland, John, Letters to Serena, Londres, Bernard Lintot, 1704.

[53] Foucher de Careil, Louis. A., RŽfutation inŽdite de Spinoza par Leibniz, prŽcŽdŽe dÕun mŽmoire, Paris, Bri�re, 1854.

[54] Foucher de Careil, Louis. A., ÒIntroductionÓ en Foucher de Careil, Louis A. (ed.), Nouvelles Lettres et Opuscules inŽdits de Leibniz, Paris, Auguste Durand, 1857, p. C LIX.

[55] Georges Friedmann incluso dir‡ que el texto es Òde mediocre valor para la interpretaci—n del spinozismoÓ. Friedmann, Georges, Leibniz et Spinoza, Paris, Gallimard, 1946, p. 212.

[56] Acerca de la recepci—n de Spinoza en Alemania durante la primera mitad del S XVIII, vŽase la obra de SolŽ, M. Jimena, Spinoza en Alemania (1670-1789). Historia de la Santificaci—n de un fil—sofo maldito. C—rdoba, Brujas, 2011; as’ como Bell, David, Spinoza in Germany from 1670 to the age of Goethe, Londres, Institute of Germanic Studies, University of London, 1984.

[57] Por otro lado, si bien el tŽrmino es tradicionalmente atribuido a Toland, quien lo utiliza en inglŽs y lo populariza, pueden tambiŽn encontrarse ocurrencias del tŽrmino en lat’n en la obra del newtoniano inglŽs: Joseph Raphson, De Spatio reali, Londres, Typis Tho, 1697 (de donde Toland lo extrae). Cf. Moreau, Pierre-Fran�ois y L¾rke, Mogens, op. cit., p. 419.

[58] Jacobi, Friedrich H., †ber die Lehre des Spinoza in Briefen an den Herrn Moses Mendelssohn, 1785.

[59] En palabras de Beiser, Òla controversia sobre el pante’smo cambi— por completo el mapa intelectual de la Alemania del siglo XVIII y sigui— preocupando a los pensadores hasta bien entrado el siglo XIXÓ. Beiser Friedrich, op. cit., p. 44.

[60] Fšrster, Eckart, Melamed, Yitzhak Y., ÒIntroductionÓ en Fšrster, Eckart, Melamed, Yitzhak Y. (eds.), Benedictus de Spinoza and German Idealism, Cambridge, Cambridge University Press, 2012, p. 1.

[61] Ibid., p. 1-2.

[62] Cf. Moreau, Pierre-Fran�ois y L¾rke, Mogens, op. cit., p. 424.

[63] Cf. Mendelssohn, Moses, Debate sobre Spinoza. Mendelssohn/Lessing, SolŽ, Jimena (trad.), C—rdoba, Encuentro, 2010, pp. 55-56.

[64] SolŽ, Jimena, op. cit., p. 170.

[65] Morfino, Vittorio, ÒLo spinozismo di Leibniz. Linee di una ricostruzione delle storia della questioneÓ, en ACME, vol. 49, Nro. 3, 1996, p. 58.

[66] L¾rke, Mogens, Leibniz lecteur de Spinoza. La gen�se dÕune opposition complexe, Paris, HonorŽ Champion, 2008, p. 51.

[67] Ibidem.

[68] En efecto, Spinoza la escribe para un joven alumno, lo cual puede comprobarse en el pr—logo que Meyer hace de la obra. Cf. PPC/Pref., G/I/132.

[69] GP/I/16.

[70] ÒEntre los dem‡s elogios que la fama ha divulgado sobre usted, opino que est‡ tambiŽn su extraordinaria pericia en asuntos de —pticaÓ. Ep45 G/II/230.

[71] ÒSi todav’a no ha llegado a sus manos el Tratado teol—gico-pol’tico le enviarŽ un ejemplar, si no le molestaÓ. Ep46 G/II/234; Ep45 G/II/230.

[72] Lo cual a su vez puede explicarse por el cuidado que los amigos de Spinoza tuvieron a la hora de editar p—stumamente la obra de Spinoza, en la que se omitieron muchos sellos y nombres propios y, posiblemente se hizo una selecci—n de la correspondencia. Cf. Stein, Ludwig, Leibniz und Spinoza, Berlin, G. Reimer, 1890, p. 28; Parkinson, George H.R., ÒLeibnizÕs Paris Writing in Relation to SpinozaÓ en Leibniz a Paris (1672-1676), Studia Leibnitiana Supplementa, vol. 18, no. 2, Wiesbaden, Felix Steiner Verlag, 1978, p. 75, nota 4.

[73] Cf. L¾rke, Mogens, op. cit., p. 83.

[74] Cf. A, VI-4, 1482.

[75] Cf. L¾rke, Mogens, op. cit., p. 88.

[76] Sobre la redacci—n de la ƒtica, cf. Ib’d., p. 93, Israel, Jonathan, op. cit., pp. 359-269.

[77] Cf. Ib’d. pp. 347-359.

[78] Hay distintas conjeturas sobre la probabilidad de que Leibniz haya le’do el TTP antes de saber que era Spinoza su autor. Cf. L¾rke, Mogens, op. cit., p. 96-97, Verni�re, Paul, op. cit., p. 100.

[79] LT, 261.

[80] Parkinson, George H.R., op. cit., p. 75.

[81] ÒEl a–o pasado apareci— ese libro pestilente, cuyo t’tulo es Discursus Theologico Politicus, que, habiendo seguido los pasos de Hobbes, [...] abri— la ventana al ate’smo. Su autor se dice que fue un jud’o llamado Spinoza que hab’a sido recientemente excomulgado a causa sus opiniones monstruosas, y su libro tambiŽn fue proscrito por las autoridades a causa de la misma raz—n. Supongo que lo has visto, pero si no, te lo enviarŽÓ. A, I-1, 142.

[82] ÒEl autor del libro sobre la libertad de filosofar, del que has presentado una breve pero elegante refutaci—n a modo de programa, es Benedict Spinoza, un jud’o α¹οσυναγωγος [expulsado de la sinagoga], a causa de la monstruosidad de sus opiniones, segœn me cuentan desde Holanda. Por otra parte, es un hombre excesivamente culto en todas las ramas de las letras y, sobre todo, un excelente —ptico, que perfecciona unas gafas bastante notablesÓ. LT, 336.

[83] ÒSi Spinoza es el autor de este libro, me parece que no es tan seguro. Por eso me abstengo de nombrarlo, sobre todo en pœblicoÓ. A, II-1, 208.

[84] GP/I/76.

[85] Cf. Meinsma, Koenraad O, op. cit, pp. 291, 360-61; Verni�re, Paul, op. cit pp. 99, 108, 254; Bell, David, op. cit, p. 8; Friedmann, Georges, op. cit, pp. 250-273; L¾rke, Mogens, op. cit., pp. 96-97.

[86] ÒNo es en absoluto excesivo pensar que durante esos dos a–os (1670-71), la publicaci—n del Tractatus fue para Leibniz el gran acontecimiento intelectual en EuropaÓ. Verni�re, Paul, op. cit., p. 100.

[87] A, I-1, 148. Trad. del francŽs en Friedmann, Georges, op. cit., p 64.

[88] Graevius, junto con Van Velthuysen Ñambos profesores de la Universidad de UtrechtÑ, se contaban entre los cr’ticos m‡s severos de Spinoza. Sin embargo, durante su estancia en aquella ciudad, Spinoza los conoci— y, tiempo despuŽs, Graevius entabl— un v’nculo directo con Žl. Cf. Ep49, G/IV/238.

[89] Sobre la evoluci—n de Leibniz hacia la madurez matem‡tica, cf. Hofmann, Joseph E. Leibniz In Paris 1672-1676. His Growth to Mathematical Maturity, Londres, Cambridge University Press, 1974.

[90] Como por ejemplo cuando Claude Clerselier (1614Ð1684) le conf’a los manuscritos de Descartes, que Leibniz lee atentamente por primera vez, cf. A, VI-3, 213-17, 386-87. Cf. L¾rke, Mogens, op. cit., p. 362.

[91] Cf. GP/IV/339, (Teodicea ¤376); Parkinson, George H.R., op. cit., p. 76.

[92] Cf. Hofmann, Joseph E., op. cit., p. 50.

[93] Cf. Ib’d., p. 174.

[94] Cf. Ep70, G/II/302-303.

[95] Ep72, G/II/305

[96] Sobre la conjetura de la conducta de Tschirnhaus, se apoya en la consideraci—n de un caso paralelo de la misma Žpoca, su relaci—n con Christian Huygens, y que puede verse en una carta de Spinoza a Schuller. Cf. Ep72 G/IV/305.

[97] A,VI-3, 384-85.

[98] En esto coincidimos con L¾rke y no tanto con Parkinson, quien sostiene lo contrario. Cf. L¾rke, Mogens, op. cit., p. 422; Parkinson, George H.R., op. cit., p. 83.

[99] L¾rke, Mogens, op. cit., p. 423.

[100] Cf. A,VI-3, 275-282.

[101] Ep12, G/IV/62.

[102] Cf. L¾rke, Mogens, op. cit., p. 435.

[103] A, VI-3, 282.

[104] Cf. A, VI-3, 40-41.

[105] Friedmann, Georges, op. cit., p. 84.

[106] A, VI-3, 573.

[107] Citado en : Baruzi, Jean, Leibniz et lÕorganisation religieuse de la terre, Par’s, FŽlix Alcan, 1907, p. 234.

[108] Citado en:  Fichant, Michel, ÒLes concepts fondamentaux de la mŽcanique selon Leibniz en 1676Ó, en Heinekamp, Albert y Mettler, Dieter (eds.), Leibniz ˆ Paris (1672Ð1676). Tome 1: Les Sciences, Wiesbaden, Steiner Verlag, 1978, p. 232

[109] Friedmann, Georges, op. cit., p. 113.

[110] Hart, Alan, ÒLeibniz on SpinozaÕs Concept of SubstanceÓ en Studia Leibnitiana, vol. 14, no. 1, Franz Steiner Verlag, 1982, p. 77.

[111] L¾rke, Mogens, op. cit., pp. 846-847.

[112] Friedmann, Georges, op. cit., p. 204.

[113] Ib’d., p. 35.

[114] Ib’d., p. 296.

[115] Parkinson, George H.R., op. cit., pp. 73-89.

[116] Brown, Stuart, ÒThe Proto-Monadology of the De Summa RerumÓ en Brown, Stuart, The Young Leibniz and His Philosophy (1646-1676), Dordrecht, Kluwer, 1999, pp. 263-288.

[117] Mercer, Christia, LeibnizÕs Metaphysics: Its Origin and Development, Cambridge, Cambridge University Press, 2001, pp. 427-460; y ÒLeibniz and Spinoza on Substance and ModeÓ en Pereboom, Derk (ed.), The Rationalists: Critical Essays on Descartes, Spinoza, and Leibniz, Maryland, Rowman & Littlefield, 1999, pp. 273-300.

[118] Ib’d., p. 273.

[119] Adams, Robert M., Leibniz: Determinist, Theist, Idealist, Oxford, Oxford University Press, 1994, pp. 123-134.

[120] Ib’d., p. 125.

[121] Kulstad, Mark, ÒDid Leibniz Incline Toward Monistic Pantheism in 1676?Ó en VI Internationaler Leibniz-Kongress: Leibniz und Europa, Hannover, Gottfried-Wilhelm-Leibniz-Gesellschaft, 1994, pp. 424-428.

[122] L¾rke, Mogens, op. cit.

[123] Fazio, Rodolfo, ÒLeibniz lector de la ƒtica: el papel de Spinoza en la reforma leibniziana de la noci—n de substanciaÓ, Ideas. Revista de filosof’a moderna y contempor‡nea, N¼3, 2016, p. 86.

[124] Igualmente, destacamos los trabajos reunidos en ÒLeibniz frente a Spinoza. Una interpretaci—n panor‡micaÓ, en los que se buscar abordar colectivamente una variedad de lecturas: Cf. Caba–as, Leticia y Esquisabel, Oscar (eds.), Leibniz frente a Spinoza. Una interpretaci—n panor‡mica, Granada, Comares/UCA, 2014). As’ como el estudio de Narv‡ez, Mario, quien repara en la relaci—n de Spinoza con Leibniz y Tschirnhaus, y analiza el interŽs de ambos en la cuesti—n del mŽtodo y de la definici—n en Spinoza. Cf. Narv‡ez, Mario, ÒLa teor’a de la definici—n en Leibniz, Spinoza y TschirnhausÓ, Revista Latinoamericana de Filosof’a, N¼ 46, Vol. 1, 2020, pp. 109-129.

[125] Cf. GP IV, 523-524.