<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<indexing>
 <object alt="" name="Picture 1" object_type="graphic"/>
 <paragraph index="12" node_type="writer">Al calor de un frío invierno, o sobre por qué y cómo revolucionar la vida</paragraph>
 <paragraph index="15" node_type="writer">Juan Pablo de Nicola</paragraph>
 <paragraph index="16" node_type="writer">(Instituto De Investigaciones Gino Germani - Universidad De Buenos Aires – Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas - Argentina)</paragraph>
 <paragraph index="17" node_type="writer">Recibida el 17de octubre de 2023 – Aceptada el 12 de febrero de 2024</paragraph>
 <paragraph index="19" node_type="writer">Reseña de von Redecker, Eva, Revolución por la vida, Filosofía de las nuevas formas de protesta, Traducción de Agustín Lucas Prestifilippo, Buenos Aires, Ubu Ediciones, 2022, 288 pp.</paragraph>
 <paragraph index="21" node_type="writer">La naturaleza está y no está en peligro. Está, porque los ciclos inherentes a la reproducción del dominio capitalista sobre aquello que precise manipular para convertir en mercancía lo dirige inevitablemente a transformar lo viviente en una cosa muerta. No lo está, porque la humanidad, en tanto que doblez material de esa naturaleza “toda”, extiende la naturalidad propia del dominio capitalista como una naturaleza perenne que parece, a pesar de su variabilidad de formas, no haber abandonado esta regalía que constituyó sus modernas bases filosóficas y políticas. Tanto es así, que la naturaleza “primera”, como conjetura Horacio González (2021), pretende ser extendida en la infinitud de la vida algorítmica, que, por cierto, tendría la potestad de evitar una posterior destrucción planetaria. A falta de naturaleza, parece que siempre-ya estamos en condiciones de hacer otra. </paragraph>
 <paragraph index="22" node_type="writer">Sin embargo, en el entremedio de este ultrasonido persistente del narcisismo capitalista, Eva von Redecker lo hace crujir sin dejar de propiciar nuevos sonidos con la potencia de renaturalizar lo que algunas corrientes teóricas hoy dan por prácticamente extinto. En Revolución por la vida, un manifiesto crítico, digámosle así (si la designación no es redundante), von Redecker despliega la multidimensionalidad de lo viviente que está y no está, por lo menos no totalmente, en jaque. Con una prudente traducción del alemán al español, facilitada y curada por Agustín Lucas Prestifilippo, el libro resulta sugerente en varios sentidos. En primer lugar, se ocupa de una amalgama de problemas concretos relativos a la crisis climática, la destrucción ambiental, las consecuencias de la pandemia del COVID-19, el nuevo rol de la soberanía estatal, la cuestión de los refugiados, entre otros, pero todos ellos desde un enfoque que atiende a su entrelazamiento desde la ideología propietarista, propiamente capitalista, del dominio de la cosa y sus efectos, en lo que la autora denomina “vida”. Pero von Redecker también articula un análisis teórico de las luchas políticas que se encuentran en los intersticios de estas crisis, haciendo estallar la hipótesis que tiende a justificar la improductividad política frente a una presunta devastación natural que ya no tendría retorno. Así, y en segundo lugar, la autora pone en primer plano a los movimientos Ni Una Menos, Black Lives Matter, Ende Gelände, Dakota Water Protectors, entre otros. Es decir, que incluso si tomamos como verdadera esta hipótesis del punto de no-retorno o de que ya no habría ninguna fuerza negativa, ningún katechon que pueda retardar la destrucción planetaria, no habría que dar por finalizada la vida: ni la vida humana, ni la inhumana, ni la vida toda. </paragraph>
 <paragraph index="23" node_type="writer">Por ello, en el libro se vislumbra una preocupación por enfrentarse a las complejidades consustanciales a este momento crítico de la historia de lo viviente: de la humanidad y de la naturaleza, que, aunque imbricados, se exceden mutuamente. Junto a la consideración de teóricos y teóricas varios y varias como Hobbes, Wallstonecraft, Kant, Marx, Adorno y Horkheimer, Arendt, entre otros y otras, esta preocupación moviliza las preguntas que recorren todo el libro, que está estructurado de un modo por demás sugerente. Luego de una sucinta introducción que presenta esta preocupación sobre el problema de la vida y su devenir en el marco de la ideología propietarista del dominio de la cosa, se presenta una primera parte en la que se diagnostican diferentes elementos que hacen a la historicidad de la relación entre el capitalismo y la vida: el dominio a través de la propiedad, la valorización de los bienes, la extenuación como efecto del trabajo y la destrucción de la vida. Seguidamente, en un capítulo que funciona de bisagra, von Redecker interrumpe la exposición para abrir la pregunta por la revolución y las formas de pensarla, más allá de la idea de una abrupta inversión o giro repentino. A continuación, se ofrece una segunda parte que reflexiona sobre las reversiones latentes de la primera y trata las vías posibles de revolucionar la relación de lo humano con la (y su) vida en el marco de la destrucción capitalista. Hay que salvar la vida, pero para ello hay que resignificar sus procesos, regenerando los patrones de trabajo, compartiendo bienes y cuidando aquellas materialidades vivientes que sólo podemos concebir como propiedad.</paragraph>
 <paragraph index="24" node_type="writer">Cuatro capítulos componen la primera parte. En el primero, titulado “Dominar (Propiedad)”, von Redecker delinea una genealogía de la ideología propietarista que abre paso a las relaciones capitalistas. La instauración del vallado, que Jean Jacques Rousseau criticó como uno de los grandes vicios de la perfectibilidad humana, es sólo el comienzo de una relación de dominio del hombre con las cosas. La autora introduce aquí dos conceptos que atraviesan el resto del libro. En primer lugar, el dominio (dominium) de la cosa. Es que la propiedad moderna nace estableciendo una relación de derecho del hombre con una cosa dominada, que fija la capacidad no sólo de control y de uso, sino también de abuso y destrucción. En la separación entre imperium y dominium, efectuada por la liberación de la servidumbre (separación que promueve la desposesión y el señorío de uno mismo), se impone el dominio de la cosa como una nueva forma de dominación. La forma-propiedad, para garantizar la libertad de los varones blancos, precisaba la instauración de humanos que funcionaran a la manera de una cosa. La cosificación emerge como el efecto que somete a humanos a la esclavitud racista y al patriarcado. En segundo lugar, la posesión fantasma responde a la continuidad del dominio de la cosa en el marco histórico en el cual se le amputa la posibilidad de tenencia legal del humano como propiedad: “Ante la falta del objeto, persisten las pretensiones de dominación” (p. 39). Las identidades modernas, dice von Redecker, se fundan en la posesión fantasma: todos disponemos parcialmente de otros o nos presentamos a nosotros mismos como disponibles para la posesión. La rabia generada por la imposibilidad de dominar al otro se canaliza en la posesión fantasma: a través de ella sometemos o nos someten como propiedad a disposición. Así, dominio de la cosa y posesión fantasma funcionan como dos modos del dominio en el que se dispone de las cosas o de los otros como materias muertas susceptibles de ser manipuladas y destruidas ad infinitum.</paragraph>
 <paragraph index="25" node_type="writer">En el segundo capítulo, “Valorizar (Bienes)”, se introduce el concepto de dominio objetivo para examinar los efectos que la valorización capitalista (el fetichismo de la mercancía) tiene sobre el trato de lo humano hacia lo viviente. La separación abstracta entre lo valioso y lo inservible opera seleccionando la materia que sería prescindible, deshaciéndose de ella y generando montañas de residuos derivados de las cadenas de producción. Si la naturaleza viva es “la que crea ciclos en los que todas las partes permanecen en movimiento, alimentándose una y otra vez en circuitos regeneradores [...] el capitalismo sólo toma la parte y se despreocupa del contexto general” (p. 69). El rifle mercantil apunta hacia lo concretísimo: lo que genera ganancia, desentiéndose y haciendo polvo las relaciones amplias que hacen a la totalidad social-viviente. Claro, el humano no queda desenganchado. Él también, ya sea por sus capacidades o sus skills, es desechado en cuanto no cabe dentro de los márgenes de ganancia. </paragraph>
 <paragraph index="26" node_type="writer">El tercer capítulo, “Extenuar (Trabajo)”, se detiene en la cuestión del trabajo y sus lazos corporales y temporales. Retomando nociones de antaño, pero revitalizadas, von Redecker examina la relación entre quien trabaja y sus posesiones. El desposeído está liberado para hacer uso de su tiempo, así como de ese objeto corporal llamado “fuerza de trabajo”: “La ficción de que la fuerza de trabajo es una propiedad del trabajador es una expresión singular del dominio moderno de la cosa” (p. 77), ya que la fuerza de trabajo sólo es tal una vez que quien la “posee” pactó venderla al capitalista. Es decir, es una posesión fantasma. Esta moderna ficción capitalista del sujeto señor-de-sí-mismo, que von Redecker retrotrae hasta la filosofía cartesiana de la relación del alma con un cuerpo (más que cuerpo, cadáver), se basa y recae irrefrenablemente en una doble fractura: la pobreza material, por la obligatoriedad de las relaciones salariales en el sistema de propiedad, y la moralización burguesa que, más allá del desempeño productivo del trabajador, pone en duda su capacidad de ser señor-de-sí-mismo, cuyo efecto es la justificación de su condición de cosa apropiable y dominable. Finalmente, la autora incorpora el concepto de dominio objetivo de la cosa para demostrar el resultado de la conexión entre los dos conceptos tratados anteriormente (dominio de la cosa y dominio objetivo). El establecimiento de las cosas como propiedades manipulables y su puesta en marcha como combustibles que permiten la maximización de la ganancia precisan de aquella fuerza de trabajo únicamente garantizada mediante el trabajo reproductivo, la apropiación colonialista de la tierra, el trabajo esclavo y la sobreexplotación agrícola. Todas ellas, elementos constituyentes de las relaciones industriales capitalistas, ponen como objeto muerto e inerte, extenuado hasta su consumación final, lo que, en realidad, son ciclos vitales que exceden la valorización mercantil. Lo que se trae al mundo en estas condiciones, dice von Redecker, no es vida, “sino sencillamente fuerza de trabajo con vistas a la valorización” (p. 84).</paragraph>
 <paragraph index="27" node_type="writer">En el cuarto y último capítulo de esta primera parte, “Destruir (Vida)”, von Redecker se aproxima a las acciones de protesta de grupos como Fridays for Future y de Extinction Rebellion para preguntarse por sus desafíos y dilemas, en algunos casos con énfasis catastrofistas, en otros con una difuminación de la responsabilidad que fija todo humano como un virus destructor de la naturaleza; perspectiva que puede tener derivas ecofascistas. Cuando los ciclos vitales se ven erosionados por la necesidad capitalista de su mortificación y los tiempos que regulan la reproducción de estos ciclos se ven modificados incesantemente por el cambio climático, ¿qué hacer con la “pérdida del mundo” y su principal elemento, la “pérdida del tiempo”? ¿Qué luchas llevar adelante? ¿Qué ejercicio crítico lo suficientemente complejo podemos entablar? Retomando a Olga Tokarczuk, von Redecker sugiere la potencia de la “cuarta persona” o la “narradora tierna”, una voz interior a la naturaleza que recompone la interconectividad de los ciclos vitales, a la manera de quien puede concebir el punto de vista de la totalidad para dar cuenta de las consecuencias de cada acción.</paragraph>
 <paragraph index="28" node_type="writer">En el quinto capítulo, “Revolución”, la autora se pregunta por las (im)posibilidades de una revolución, y qué significaría específicamente revolucionar por la vida en el marco de las profundas crisis, tanto medioambiental como democrática. ¿La ralentización o el paro total funcionan hoy como caminos revolucionarios? ¿O es necesario pensar otras dinámicas revolucionarias? Desconfiando de cierto optimismo prometeico marxista (que, además, presupone el dominio del sujeto planificador sobre lo natural) y con la experiencia de la inmovilización durante la pandemia de COVID-19, von Redecker apuesta por la repetición de nuevas formas de acción que recojan los residuos de la valorización capitalista: “Volver a hacerse cargo de lo oprimido en términos de liberación; volver a hacerse cargo de lo segregado, en términos de articulación; volver a hacerse cargo de las mareas quebradas, en términos de futuro” (p. 152). Esta tarea supone emprender una serie de luchas que, antes de perseguir un nuevo afán de dominio con lo viviente, se detengan a escuchar y comprender sus resonancias internas. A eso se dedica la segunda parte del libro.</paragraph>
 <paragraph index="29" node_type="writer">En el sexto capítulo, “Salvar (Vida)”, von Redecker se pregunta por el significado de la vida y qué implicaría salvarla. Salvar vida, en primer lugar, implica romper los ciclos de opresión donde confluyen fatalmente, tal como se propone el movimiento antirracista Black Lives Matter. Esto es así tanto para los ciclos racistas como para los de los refugiados, ahogados en los mares sin recibir ayuda. En este marco, la autora se opone a lo que sería una concepción “ecofascista” que identificaría vida con preservación individual a costas del resto. Una relación justa con la vida supone que la dependencia mutua no se basa en la muerte social del otro, sino en su sostenimiento. Asimismo, la autora recupera la experiencia del COVID-19 para reflexionar sobre la soberanía estatal y su papel como protector de vidas. Mediante una reapropiación de la teoría política hobbesiana, von Redecker recupera la promesa de la soberanía moderna como aquella que es capaz de resguardar todas las vidas bajo su manto. El problema —que, según la autora, ya estaba en Hobbes— es que en la postulación de esa promesa yace un criterio de exclusión: protege a algunos en perjuicio de otros. La pandemia demostró con claridad que los Estados funcionan imponiendo un modelo de inclusión-exclusión: así como en la Venecia de 1630 se había establecido un “campo de la muerte de los leprosos” (p. 189), ahora a indigentes, refugiados y otros sectores se les aplica el dominio destructivo de la cosa, mediante asignaciones grupales que determinan quién tiene acceso a los respiradores y quién no. Es necesario, entonces, romper los ciclos de opresión y componer prácticas salvadoras: que los impulsos de miedo sean distintos al miedo viral individualista. </paragraph>
 <paragraph index="30" node_type="writer">En el séptimo capítulo, “Re-generar (Trabajo)”, von Redecker propone la búsqueda de un “trabajo otro” para preservar la vida. Transformar las formas de producción es ineludible para poder salvar vidas y compartir bienes. A partir de una serie de reflexiones sobre las protestas feministas de Ni Una Menos y su consigna “cambiarlo todo”, la autora apuesta por hacer temblar todas las relaciones sociales para reescribirlas como prácticas solidarias. Con ese fin, la huelga activa parece una herramienta de investigación irremplazable: habilita la suspensión del trabajo para crear y anticipar lazos diferentes. La pregunta de cómo parar en medio del caos de exigencias en el que estamos inmersos nos empuja a reorganizar colectivamente las áreas de trabajo. Además, la solidaridad emerge como el tinte que esos lazos deben tomar para romper con el ciclo mortuorio y excluyente del capitalismo. Contra una perspectiva arbitraria de la caridad, la autora se coloca en pos de la reciprocidad como un pacto común que consta de dos pasos: saber de forma recíproca lo que se quiere y relacionar estos deseos entre sí de manera que lo que de allí nazca sea libertad y no dominación. Desnaturalizar el capitalismo conlleva también renaturalizarlo, mostrando que la organización del trabajo no tiene por qué lidiar con la muerte del trabajo ajeno en la forma-mercantil. Es posible disfrutar del lazo comunitario generado en el que podemos reconocer nuestras vulnerabilidades y dependencias (que incluye un cuidado del trabajo reproductivo a través de la gestación subrogada, por ejemplo), y a nosotros en nuestro trabajo y el de los otros; sin por ello presuponer el dominio de lo natural. Por el contrario, ejercer relaciones de solidaridad entraña comprender las interrelaciones de manera amplia, teniendo en cuenta al ecosistema planetario, para, a partir de allí, ver qué ciclos vitales nutrir y cuáles ciclos de dominación romper.</paragraph>
 <paragraph index="31" node_type="writer">El octavo capítulo, “Compartir (Bienes)”, recoge la pregunta por la eventualidad de una compresión de la justicia que exceda el paradigma de la justicia distributiva para englobar también nuestras relaciones con los ciclos naturales. Hacer justicia involucra “reparar la destrucción producida por el veneno, la catástrofe, los restos en las mareas” (p. 239). El “universalismo rebelde” que esgrime la autora exige establecer una relación de compromiso con los ciclos de la tierra, los aires, las mareas, donde las formas sociales y políticas de organización se asimilen a ellos. Pero también demanda romper con el dominio objetivo que fetichiza los lazos comunes y los vuelve otra relación de intercambio. La lógica de la no-espera del regalar, las tecnologías de distribución de productos como Amazon (que, según la autora, pueden ser anonimizadas y encriptadas) y el trabajo socializado y planificado se prefiguran como vías para romper el dominio objetivo y coordinar las condiciones del trabajo humano con las de la regeneración natural.</paragraph>
 <paragraph index="32" node_type="writer">En el noveno y último capítulo, “Cuidar (Propiedad)”, von Redecker sugiere que la crítica del dominio capitalista de la cosa no requiere únicamente una crítica de las relaciones intra e intersubjetivas, sino de las relaciones del sujeto con las cosas, relaciones que toman dos formas: la disposición de propiedades y la producción del valor mercantil. Sin una transformación de estas lógicas se perpetuaría la abstracción de los sujetos respecto de las condiciones vitales que permiten su reproducción: “Las personas sólo pueden hacerse comunes cuando lo que comparten está a su vez libre del dominio de la cosa” (p. 261). La preservación del agua y de la tierra no como propiedades, sino como vida, requiere de la comprensión de nuestra dependencia para con ellas (preservarlas es autopreservarnos), y, en consecuencia, reclama la reflexión tanto sobre la necesidad de propiedades comunes como del requisito de vidas que permanezcan no apropiables. “Omnia sunt communi” se traduce mejor como “todo será común” [...] Todo será de todes significa entonces: todo puede organizarse libre de la servidumbre. Y también significa: todo se confía a todes. Todes se confían unes a otres” (p. 277).</paragraph>
 <paragraph index="33" node_type="writer">La revolución por la vida asume esta variedad de nombres que se sintetizan en dos anhelos: la liberación del dominio capitalista y la institución de un futuro solidario donde exista una libertad sustantiva realizada en la compaginación de las actividades humanas con las no-humanas. En definitiva, el libro de von Redecker blande una crítica del capitalismo entendida como crítica de sus formas de extensión del dominio prolongada en diferentes modos: como dominio, valorización, extenuación y destrucción. En este sentido, la autora se vale de lenguajes disímiles que permiten capturar los moldes continuos y discontinuos dentro del capitalismo y su inevitable espíritu aniquilador. Pero la cosa no acaba allí. Porque esa crítica también asume la tarea emancipatoria, tal como ha propuesto más recientemente el manifiesto naturalista crítico (Gregoratto et al., 2022), de revertir las formas de dominación capitalista para improvisar nuevas formas de relación con el resto de lo viviente y sus procesos específicos. </paragraph>
 <paragraph index="34" node_type="writer">La lectura suscita, por lo menos, dos interrogantes pendientes para continuar las reflexiones sobre estos desafíos. En primer lugar, si no habría una articulación diferencial de las cuatro dimensiones que la autora plantea como estructurantes del dominio capitalista y la posibilidad de su reversión. Propiedad, bienes, trabajo y vida son estos pilares, ¿pero no habría allí alguna jerarquía? ¿Todos precisan del mismo trabajo crítico y político, o acaso alguno de ellos requiere de una (de)construcción más ardua? ¿De qué manera su entrelazamiento contemporáneo puede ser leído para permitirnos concebir otros entrelazamientos diferenciales que logren la ruptura con el dominio objetivo de la cosa y el paso hacia un porvenir libre? En segundo lugar, nos preguntamos por la cuestión de la vida. En varios momentos del libro, la vida aparece en oposición a la muerte provocada por el capitalismo. Esta oposición es llevada al extremo al punto tal de que se sostiene que </paragraph>
 <paragraph index="35" node_type="writer">la revolución por la vida no es luchar contra la muerte en tanto tal. Es luchar contra la muerte social, contra la desigual distribución de la muerte prematura [...] Morir de forma natural, en lugar de social, sería pasar sin violencia de la reproducción consciente de la vida humana a ciclos materiales que se regeneran sin perder nunca nada (pp. 193-194).</paragraph>
 <paragraph index="37" node_type="writer">A pesar del esfuerzo de von Redecker por desarmar esta dicotomía, la vida continúa siendo tratada, por momentos, como asocial, o como una suerte de fuerza natural que es perpetrada por las relaciones sociales humanas. Esto se vislumbra con mayor claridad en esta dicotomía entre una presunta muerte natural y una social. ¿Sería una muerte irreductible al dominio capitalista una muerte natural? ¿O, antes bien, no es la muerte social siempre la forma en la que se da efectivamente la muerte natural? Consideramos que esta dicotomía entre naturaleza y sociedad continúa siendo uno de los grandes obstáculos para reflexionar críticamente sobre las inflexiones del capitalismo y las latencias de su liberación.</paragraph>
 <paragraph index="39" node_type="writer">Referencias bibliográficas</paragraph>
 <paragraph index="40" node_type="writer">González, Horacio, Humanismo, impugnación y resistencia. Cuadernos olvidados en viejos pupitres, buenos Aires, Colihue, 2021.</paragraph>
 <paragraph index="41" node_type="writer">Gregoratto, Federica, Ikäheimo, Heikki, Renault, Emmanuel, Särkelä, Arvi y Testa, Italo, Critical Naturalism: A Manifesto, Krisis, 42 (1), 2022, 108-124.</paragraph>
</indexing>
